El reino de la corrupción

El cine español se está esforzando en desterrar la frase «en Estados Unidos cogerían esto y harían una película». España empieza a reconocer su parte más fea en sus películas. Se lo debemos a agradecer a autores como Daniel Monzón, Alberto Rodríguez y Enrique Urbizu. Y ahora también a Rodrigo Sorogoyen, que se apuntó a esta tendencia con Que dios nos perdone. Sin embargo, su mayor apuesta contra las cloacas de nuestro poder llega con El reino.

Sorogoyen comentó en el Festival de San Sebastián que tenían a El dilema, de Michael Mann, como una película de referencia para lo visual. La llamada más evidente son esos planos tan cerrados, concentrados en la expresión de los personajes. Pero hay una gran diferencia entre las dos obras. Ambas películas tienen como premisa la expulsión de una organización de un alto cargo que decide contar lo que sabe. Pero si el insider (título original de la película de Mann) de Rusell Crowe era un hombre algo apocado y reservado, necesitado del empuje de un periodista, el insider de Antonio de la Torre es puro nervio y determinación.

El cine español sigue retratando las cloacas de la política con El reino, con un Antonio de la Torre imperial

El Reino también es un recopilatorio de las vergüenzas de la política española. El guion de Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen utiliza elementos de nuestra memoria colectiva como el carro de supermercado en el despacho de una jueza, un yate, o una cita libre de aquel «la fiscalía te lo afina». Y además los enlaza con la tradición del cine de mafiosos. Manuel López Vidal (Antonio de la Torre) arranca la película con un plano secuencia como el de Ray Liotta entrando en el Copacabana en Uno de los nuestros. Si no se hubiera rebautizado así Goodfellas, Uno de los nuestros sería el título perfecto. Nosotros vemos a Manuel López Vidal desestabilizar El reino, el partido, ¿el país?. Pero ellos ven cómo está a punto de tirarlo todo a la mierda uno de los suyos.

el reino

Al ritmo de una música electrónica adrenalítica, disfrutamos con Manuel López Vidal y su estrategia de demolición. Y lo más peligroso, se puede empatizar con él. A lo largo de la película te olvidas de que es tan corrupto como los que quiere acribillar con sus secretos revelados. Te acoges a que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y así llegas al final. Cuando está acabando te acuerdas de que una de las imágenes promocionales es una especie de plató de El objetivo de Ana Pastor (una gran Barbara Lennie) y que aún no ha salido. Cuando llega, merece la pena. Mucho.

Bonus track

Muy recomendable esta entrevista de [la verdadera] Ana Pastor a Rodrigo Sorogoyen y Antonio de la Torre. En ella hablan sobre la documentación de la historia, los descartes de cosas reales por ser demasiado peliculero, o la preparación de personajes con gente como Rubalcaba, Cristina Cifuentes o Álvaro Pérez el Bigotes.

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