El diablo a todas horas y en todas partes

El diablo a todas horas

Atmósfera enfermiza, personajes desquiciados y un reparto estelar tiran de El diablo a todas horas. Este cóctel dirigido por Antonio Campos adapta una novela del mismo nombre de Donald Ray Pollock, ya elogiada en su momento por su belleza enfermiza y dureza. Y, vista la película, El diablo a todas horas es una historia que bebe de esa violencia tan expresa y cruce de personajes tan habitual en Tarantino o los Coen. Más cerca de los dos hermanos si nos atenemos a la ambientación rural. Es una película que nada por aguas conocidas, pero con el pulso tan bien tomado que es igualmente absorbente.

La historia se ambienta en la américa profunda. Cerca de la frontera entre Ohio y Virginia Occidental hay un par de pueblos donde campan a sus anchas resentimientos familiares, estrés provocado por la guerra y una perversa y retorcida concepción de la fe. El diablo a todas horas se desarrolla a lo largo de décadas. Y a lo largo de ellas se agrava esa atmósfera malsana. Están prácticamente todos locos. La pareja (Jason Clarke y Riley Keough) que busca incautos. El soldado que vuelve de la guerra (Bill Skarsgård) obsesionado con un hombre crucificado. La devota (Mia Wasikowska) enamorada de un pastor (Harry Melling) convencido de tener poderes. Y los que no tanto, no se mantienen a salvo. Como la joven Lenora (Eliza Scanlen) o el Sheriff (Sebastian Stan).

El diablo a todas horas deja un gran thriller violento con un impresionante Robert Pattinson

En esa marea de mal y violencia emergen las dos grandes figuras de la historia. Un soldado regresado de Vietnam, el gran trauma militar de los setenta en Estados Unidos, interpretado por Tom Holland. Y un embaucador reverendo, que contrasta en el pequeño pueblo por su sofisticación al vestir y su facilidad de palabra, encarnado por un Robert Pattinson que roba toda la atención cuando aparece. Fuerza física traumatizada y verborrea de predicador taimado.

El diablo a todas horas en su pecado lleva la penitencia. De igual modo que brilla toda esa maldad fruto de una sociedad tan encerrada, sus personajes tienen poco que ver con una escala de grises que haga más atractivo asistir a tanta violencia. Y siguiendo con el hilo, quizá esa sea una de las razones que ayudan a la fama del reverendo Preston Teagardin de Pattinson, el personaje más ambiguo de esta historia. Dicho esto, no es algo que le pese demasiado. Antonio Campos desecha el mal como un acto reflexivo y lo presenta casi como un virus, como la enfermedad de Lou Ford. Y consigue presentar esa irracionalidad con una fuerza visual muy potente. Quien haya leído el libro sabrá si está a la altura de la visceralidad que imaginaba.

El diablo a todas horas se ha estrenado directamente en Netflix.

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