El joven Wallander: viejos polis para nuevos tiempos

El joven Wallander

No hacía falta que esta serie fuera una precuela. Pero lo es. Y sale muy bien parada. El joven Wallander es una biografía autorizada de los primeros años como policía del inspector Kurt Wallander. El policía sueco nació en las páginas de Henning Mankell y vivió durante doce novelas a lo largo de los años noventa, y un poco más allá. Pero la primera vez que se presentó a nuestros ojos ya rondaba los cuarenta años. La serie de Ben Harris, sin embargo, hace un notable ejercicio de contorsionismo y trae la juventud de Wallander a nuestros días. Y todo queda bien. La serie de Netflix cumple con nota el triple reto de adaptar un material original tan conocido, respetar el legado y extender el mito.

El joven Wallander es un nordic noir que en su primera temporada se presenta como una serie muy apetecible. Respeta los cánones del género: muerte brutal, detective autodestructivo y pesquisas contagiadas por la situación social y política. Pero con tan pocos episodios no llega a enredarse ni volverse repetitiva en un sucesivo descarte de sospechosos. La investigación tiene misterios y obstáculos, pero la evolución es clara. Y la galería de personajes se balancea entre los nombres conocidos, como la futura pareja de Kurt, Mona (Ellise Chappell), en el papel de una trabajadora de una ONG; o el jefe de Wallander, Hemberg (Richard Dillane), un zorro viejo de comisaría que trata de encauzar el idealismo del joven Kurt hacia el pragmatismo necesario para sobrevivir como inspector.

El joven Wallander imagina los primeros pasos de Kurt como inspector de homicidios en Malmö 

Las novelas de Mankell han sido reiteradamente adaptadas a live-action, aunque francamente no he visto ninguna. Por lo general, han sido adaptaciones directas del material literario. Pero Adam Pålsson, su nueva cara, va a navegar por aguas desconocidas con una aproximación interesante. El Wallander cuarentón se sentía perdido en una Suecia que creía entender, y el joven Wallander se sorprende por la Suecia que comienza a conocer. Como patrullero solo veía los últimos eslabones de la delincuencia, pero como detective profundizará en los condicionantes del otro lado de la ley. Y el propio Pålsson se siente cómodo con el papel y su concepción como un joven del s.XXI. «Mankell utilizaba el género policíaco para hacer un comentario social; ubicar la serie en los 70 hubiera traicionado el espíritu original«. Aún así, este debut recoge ecos de las tensiones raciales de la primera novela de Wallander, Asesinos sin rostro.

Por casualidades de la vida, a veces aparecen ideas similares al mismo tiempo. Fargo y True Detective inauguraron una suerte de renacer de las series antológicas criminales. Y tampoco se separaron mucho los estrenos de Todo el dinero del mundo y Trust, explicando el secuestro de Paul Getty III, y los de Richard Jewell y Manhunt: Deadly games, sobre el primer acusado del atentado de Atlanta 96. Y ahora han aparecido en pocos meses de diferencia reinvenciones de los primeros pasos de personajes emblemáticos, como Perry Mason en HBO y Kurt Wallander en Netflix. El camino canónico de Mason está despejado. Pero para el de Wallander aún queda trecho, sin que eso signifique que esperar algo distinto. Uno de los productores avisa que en sus planes está acabar con el Wallander que conocemos. Y remarca: «no lo llevaremos a ningún sitio que no sea el Wallander de Mankell».

El joven Wallander está disponible exclusivamente en Netflix.

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