Saliendo de Ozark

Cuando oigo a alguien decir que en Netflix no hay nada que ver siempre pienso en dos posibilidades. Una es que haya visto todo lo bueno ya. Otra es que solo vea el fenómeno de moda. Es cierto que la compañía abanadonó hace unos años la estrategia de proyectos elegidos como único camino y la acompañó de una avalancha de títulos mediocres. Pero las joyas siguen ahí. Dead to me. Muñeca rusa. Cortar por la línea de puntos. The Crown. Ozark. La última nació entre comparaciones con Breaking Bad, pero consiguió labrarse un camino y una personalidad que enganchan a prácticamente cualquiera que la empiece.

Breaking Bad era el camino de Michael Corleone en El Padrino I. Un profesor totalmente ajeno al mundo del crimen empieza a cocinar droga para dejar un legado a su familia antes de morir por un cáncer. Se va haciendo malo y derriba muros morales justificándose en su familia, aunque pronto es evidente que va más de sí mismo que de otra cosa. Ozark se parece más a El Padrino II, o El Padrino III. Traza el camino en sentido distinto. Un contable de Chicago, que ya ha coqueteado con criminales, intenta salvar su vida con un ambicioso proyecto para blanquear dinero. Pero claro, la entrada hacia el crimen es cuesta abajo y la salida es cuesta arriba. Y otra diferencia, Walter White mantenía al margen a su familia. Marty Byrde tiene a su mujer Wendy a su lado trazando planes y en competición por ver quién es más maquiavélico.

Marty Byrde y Ruth Langmore protagonizan Ozark, uno de las últimas grandes series criminales

Como Walter, Marty también se asocia con alguien más joven. Pero Jesse Pinkman era un bala perdida. Ruth Langmore es una cabeza privilegiada para este sector de los negocios a pesar de haber nacido en una familia de quinquis. Mientras su disfuncional familia aspira a dar golpes para salir del paso, Ruth escucha atentamente a Marty y advierte las posibilidades que tiene la forma de operar de los Byrde a través de los negocios legítimos. Ruth es una muy buena discípula de Marty. Tanto que pronto empieza a ser alguien con quien debe acordar los planes, o chocar. Y tanto que el personaje de Julia Garner, que procuró a la actriz un par de Emmys por su interpretación, acaba por ser el más memorable.

Ozark también sigue los tics de otras series del estilo de mezclar cárteles de la droga y algunos moralmente dudosos agentes del FBI. Además de una lacerante tensión familiar en torno a cada gran apellido de la serie. Tengo la sensación de que si estuviera en una cadena más dada a este tipo de serie habría sido más elogiada. En parte por esa cantinela instalada de que en Netflix no hay nada, y en parte porque la propia Netflix no le da tanto bombo como podría. En cualquier caso, la serie está ahí completa para quien quiera acercarse. Y a la espera de que sus creadores Bill Dubuque y Mark Williams decidan si continúan la serie a través de spin offs.

Ozark está disponible íntegramente en Neflix España.

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