Harry Bosch #16: La caja negra

El año 1992 está marcado para los españoles como el de los Juegos Olímpicos de Barcelona. La ciudad condal se convirtió en centro de todas las miradas ilusionadas. Más preocupadas eran las miradas dirigidas unos meses atrás hacia la anfitriona olímpica del año 84, Los Ángeles. Para los californianos, 1992 está grabado a fuego como sinónimo de disturbios. La absolución de los policías que apalizaron a Rodney King provocó unos disturbios cuya escalada fue imparable. 6 días. 20.000 heridos. 63 muertes. De muchas de ellas nunca fue encontrada la caja negra que explicaba su pérdida.

La decimosexta novela del detective Harry Bosch arranca en una de las noches más cruentas del motín. Ambiente de guerra. Bosch y Edgar se mueven por las zonas conflictivas al cuidado de otros agentes y son dirigidos a escenas del crimen escoltados por la Guardia Nacional. Los detectives están obligados a entrar y salir rápido. La investigación, si llega, será cuando se apague el infierno. Pero entre tantas muertes, Harry Bosch se topa con una víctima inocente. Una que parece que no tiene que estar ahí, que no encaja. Hay un cierto dilema porque parece que la única víctima que le preocupa es blanca, y queda un poco feo atendiendo al contexto de las revueltas.

La caja negra le valió a Michael Connelly el Premio RBA de Novela Policíaca

Esto podría chocar con su teoría aún no verbalizada en 1992 de todos cuentan o no cuentan nadie. Pero aquí entiendo que prima más la teoría de la noria. Bosch se ciñó al protocolo en otras escenas del crimen porque, por decirlo de alguna manera, se lo habían buscado. Por ejemplo, el ladrón abatido por el dueño del comercio. La de Anneke Jesperson era diferente. Era una distorsión del paisaje general. Ella no parecía haber recibido de vuelta ningún mal infringido a otros.

Harry Bosch abre un caso abierto desde los Disturbios de Rodney King en 1992

La caja negra es la forma elegida por Michael Connelly para conmemorar los disturbios en su vigésimo aniversario. El autor, que desembarcó en la ciudad angelina cinco años antes de estas revueltas, aprovecha la adscripción de Harry Bosch a la división de Casos Abiertos para volver a aquellos días. La investigación que debía llevarse a cabo tras los días de la indignación nunca llegó en muchos casos. Y entre las muertes no resueltas estaba la de la periodista que encontró Bosch. Sin embargo, Harry nunca acierta con los de arriba. Está bien resolver casos y aumentar estadísticas, pero en la oficina del Jefe del Departamento de Policía no buena publicidad que uno de estos casos resueltos sea precisamente el de una blanca.

Frankie Sheehan, antiguo compañero de Harry Bosch, tenía muchas teorías para el trabajo policial. En Hielo negro, Harry explicó la cuestión del pegamento. En esta ocasión, nos enteramos de la teoría de la caja negra. «Todo caso tenía su propia caja negra. Un indicio en particular, una persona, una revaluación de los hechos que aportaba cierta comprensión y ayudaba a explicar lo que había sucedido y por qué». Y como había intuido Bosch al toparse con el cuerpo sin vida de Anneke Jesperson, la caja negra explica que Jesperson estaba en el lugar equivocado en el momento menos indicado. La investigación confirma que aquella anarquía permitió actuar a indeseables para ajustar cuentas pendientes nada vinculadas a la indignación nacida de aquella absolución.

Ficha técnica
Título: La caja negra
Autor: Michael Connelly
Traductor: Antonio Padilla
Editorial: RBA Serie Negra
Año: 2012
Páginas: 400

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.