Manhunt: Deadly Games, de Andrew Sodroski

Manhunt: Deadly Games

El término manhunt -caza- suele utilizarse especialmente para operativos policiales que buscan a criminales. Fue, de hecho, la interpretación ofrecida en Manhunt: Unabomber, donde un agente del FBI intentaba dar con un terrorista. Sin embargo, Manhunt: Deadly Games, su sucesora, abraza un significado más amplio e incluso literal del término. Y la caza del terrorista se convierte en una caza del hombre, que es justo lo que pasó tras el hallazgo de una bomba en el Centennial Olympic Park durante un concierto celebrado en el ecuador de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Los primeros días, Richard Jewell fue aclamado como el héroe que salvó muchas vidas. Pero más que un héroe circunstancial, la maquinaria necesitaba encontrar un culpable para enterrar el miedo a más atentados. Y cuando la maquinaria se enciende, es difícil frenarla.

Adictivo true crime basado en la investigación posterior al atentado del parque olímpico de Atlanta 96

En un debate sobre teorías conspiratorias en The Good Fight, Adrian Boseman explica que «a todos nos gustan los puzles y adoramos la palabra secreta que resuelve todo. Pero no vistamos de conspiración lo que es incompetencia». Y, a juzgar por Manhunt: Deadly Games, es lo que pasó en la investigación del atentado de Atlanta. Tanto el agente especial del FBI Jack Brennan (Gethin Anthony) como la periodista Cathy Scruggs (Carla Gugino) dieron con el nombre de Richard Jewell (Cameron Britton) con la ambición de ofrecer buenos resultados a sus superiores. Pero presos de las dinámicas de sus organizaciones no fueron capaces de mirar más allá. Y Jewell se convirtió en el enemigo público número uno por arte de magia. Como espectador en primera línea vive todo esto el agente de la ATF Earl Embry (Arliss Howard), que insiste durante años en ofrecer su experiencia en la agencia de bombas y explosivos.

Manhunt: deadly games

Manhunt: Deadly Games tiene un fuerte discurso liberal del hombre contra las organizaciones. A lo largo de la serie muestra lo fácil que es avanzar en grupo, y lo complicado o imposible que resulta contraatacar. O al menos resistir. Para Jewell el día a día se convirtió en una condena permanente, agredido y escupido por sus propios vecinos. Lo más cazurro de Atlanta ejecutó una sentencia dictada fuera de los tribunales. Pero no solo lo vemos en la historia Jewell. También se observa en la trama protagonizada por Eric Rudolph (Jack Houston), el auténtico autor de los atentados, refugiado y escondido en la inmensidad del bosque Nantahala, donde entablará contacto con una milicia ultraderechista y hegemónica en la zona. Será precisamente ese dominio territorial el que hará que que el FBI en pleno experimente lo complicado que es ir a contracorriente, convirtiéndose en piezas de caza.

Manhunt: Deadly Games elogia la figura del individuo contra la inercia de las organizaciones

A pesar de todo, antes de empezar la serie, por su base histórica, ya sabemos que algunos de los errores iniciales se terminan corrigiendo. E incluso, el guionista Andrew Sodroski hace cierto elogio de la necesaria figura del héroe de la retirada en este caso. Aunque para eso tuvieron que pasar años, y la serie no termina de advertir el paso de los años. El atentado tuvo lugar en julio del 96 y el juicio final tuvo lugar siete años después; es posiblemente el gran pero que se me viene a la cabeza. Pero por lo demás, Manhunt: Deadly Games constituye una digna continuación de la antología con un relato más ambicioso que implica a la burocracia federal, los juicios mediáticos paralelos, la influencia de los grupos de odio en la américa profunda y las consecuencias sociales para el señalado cuando se coge el carril equivocado.

Manhunt está disponible en dos plataformas. Unabomber se puede ver en Netflix y Deadly Games en Starzplay.

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