El día de mañana

Un buscavidas en la Barcelona tardofranquista

El día de mañana amaneció tras una noche muy corta. Nos acostamos a finales de enero con el anuncio de Movistar, y solo cinco meses después amanecimos con el estreno. Por si fuera poca urgencia, los seis capítulos llegaron de golpe, como irrumpe Justo Gil en casa de su primo en Barcelona. Justo fue uno de tantos que abandonó el campo y desembarcó en la ciudad condal en busca de oportunidades. Pero una vez en la capital su historia no fue como la de todos. Quizá conoció el amor, pero también lidió con espejismos del milagro económico español y la represión del tardofranquismo. Eran los rasgos de una España que empezaba a agitarse.

El día de mañana regresa al tardofranquismo

Son pocos capítulos y no muchos personajes, pero Mariano Barroso y Alejandro Hernández consiguen captar la esencia y la evolución de unos tiempos convulsos. Algunos buscan vivir, como Carme Román (Aura Garrido). Otros tuvieron que renunciar a ello con tal de acabar con el franquismo, como Eliseu (David Selvas). Otros dedican su vida a hacerlo perdurar, incluso muerto Franco, como el Comisario Landa (Karra Elejalde). Y otros solo tratan de sobrevivir, como Mateo Moreno (Jesús Carroza). Por su parte, Justo Gil (Oriol Pla) tiene una preocupación principal: hacer dinero, rápido y mucho. A medida que se cruzan con él, estas y otras personas perciben impresiones muy variadas, pero la mayoría tienen algo en común. Gil es un embaucador, un buscavidas. Son los rasgos de alguien que vive una huida constante hacia adelante.

Justo Gil es un personaje para el recuerdo

Lo que menos me ha gustado, por no decir lo único, ha sido la pasarela de testimonios. A lo largo de los seis capítulos hemos ido viendo a personajes mostrar sus impresiones o sensaciones acerca de Justo Gil o alguna situación que le afectaba. Prefiero ver lo que sienten los personajes de forma orgánica. Por lo demás, Mariano Barroso, flamante nuevo Presidente de la Academia de Cine, y Alejandro Hernández reflejan de forma apasionante una guerra de cloacas políticas. Y salvan notablemente los saltos entre capítulos, que se se desarrollan en años distintos, como vimos recientemente en Fariña. España cambió de piel, pero los microbios siguieron ahí. Nada mejor para representar esta idea que el género policíaco repleto de perdedores.

El día de mañana está disponible de forma íntegra a la carta en Movistar.

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