Norteamericana

 

Novela negra norteamericana clásica y contemporánea. Dashiell Hammett y Raymond Chandler desnudaron el ideal de la tierra de los sueños.

Hielo negro, de Michael Connelly

Harry Bosch #2: Hielo negro

Michael Connelly fue periodista de sucesos antes de escritor y se pateó Los Ángeles viendo sus problemas sociales. En el debut de la serie de Harry Bosch, el autor utilizó como contexto del caso principal las dificultades de las ratas de túnel en Vietnam al volver a su país después de un conflicto. En Hielo negro, la investigación del detective conecta con el narcotráfico que se aprovecha de los trabajadores que necesitan cruzar la frontera entre Estados Unidos y México.

Hielo negro avanza al ritmo que Bosch descubre el pegamento entre varias pistas. El más preocupante es el cadáver con la documentación de un policía, de quien hereda la investigación de una droga. Junto a él había una nota de suicidio, pero el detective no da el caso por cerrado. Y cuando mira la carpeta del investigador fallecido se encuentra varios casos que apuntan a una guerra por el narcotráfico. «Cuando recibió la placa dorada de detective, un compañero de la mesa de Robos le había dicho que lo más esencial en una investigación no eran los hechos. Es el pegamento. Y según él, estaba compuesto de instinto, imaginación, un poco de especulación y un mucho de suerte».
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El eco negro

Harry Bosch #1: El eco negro

Tenía a Michael Connelly en la lista de deudas pero no llegué a arrancar con sus libros hasta que llegó la serie de Amazon protagonizada por Harry Bosch. El piloto ya me convenció pero antes de seguir decidí introducirme en su universo con los libros. Se trata de un universo literario nacido hace ya veintitrés años, compuesto por las novelas de Bosch y las de personajes como Mick Haller y Jack McEvoy. La curiosidad también me iba empujando ya que el autor era periodista antes de dedicarse por completo a la literatura. Debutó con este El eco negro que le otorgó un Premio Edgar a Mejor primera novela.

Confeso admirador de Raymond Chandler, Connelly viste a Bosch con aires de Marlowe pese a las grandes diferencias de época. Marlowe era un detective privado y Bosch pertenece al Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) pero ambos comparten una forma de vida y de trabajar. Marlowe se describía diciendo «tengo algo de lobo solitario, no estoy casado, ya no soy un jovencito y carezco de dinero», en una conversación Harry se identifica con el hombre solitario del cuadro Aves nocturnas de Hopper, es un cuarentón y su dinero le llegó hace poco tiempo.
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Vivir de noche

Vivir de noche, Dennis Lehane en la Ley Seca

Vivir de noche es la continuación de la monumental Cualquier otro día. Dennis Lehane cambia las asambleas del mundo obrero por las destilerías y veladas del crimen organizado. Y da un salto de siete años desde la huelga policial de 1919 hasta el ecuador de los felices años veinte. En esos días el crimen organizado ya había una organización demasiado poderosa para echarla abajo gracias a la Ley Seca. Aunque sin igualar el cum laude de Cualquier otro día, el autor recupera la mejor versión de las historias de gánsters.

La familia Coughlin sigue siendo la protagonista, pero en esta ocasión, Danny cede el protagonismo a su hermano menor. Joe tenía poco peso en Cualquier otro día, era un niño de once años, «bajo para su edad, aunque Danny sabía que lo compensaba siendo uno de los niños más duros en un barrio de niños duros». Pero en Vivir de noche vemos que Joe ha crecido  y se ha hecho un nombre fuera de la ley. Además, ha conseguido superar su miedo a las criaturas de la noche, fruto de su primera escapada nocturna. El pequeño de la familia se queda solo cuando rechaza un «trabajo honrado» cerca de Danny, su familiar favorito:

Joe: Prefiero la noche, tiene sus propias reglas.
Danny: El día también.
Joe: Ya lo sé, pero no me gustan.

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La mirada del observador

La mirada del observador, de Marc Behm

La última promoción de clásicos a precio de ganga ya me permitió conocer de primera mano a figuras como Jim Thompson o Dashiell Hammett. Y a esto hay que sumar autores que desconocía por completo, como Marc Behm. Este autor de Nueva Jersey participó en la Segunda Guerra Mundial y se quedó a vivir en Francia. Allí, pasados los cincuenta años comenzó a juntar letras. Primero como guionista, entre su filmografía destaca Charada. Su segunda novela, publicada en 1980, fue su obra más afamada: La mirada del observador.Leer más »La mirada del observador, de Marc Behm

El asesinato como diversión

El asesinato como diversión, de Fredric Brown

Brown insiste en esta novela en la idea de que un ciudadano cualquiera puede verse envuelto en una actividad criminal. Igual que El gran reloj, pone a un periodista en el centro de la historia. Sin embargo, Fredric Brown hace una gran incorporación: el humor, no como chascarrillo aislado sino como algo natural en la narración, algo lógico al titular la novela El asesinato puede ser divertido. En España se tradujo El asesinato como diversión.

Fredric Brown se ganó la vida escribiendo, sobre todo, ciencia ficción. A mediados de los años cuarenta probó con el género negro con La trampa fabulosa. Se le dio tan bien que ganó un Premio Edgar en 1947 a mejor novela de misterio. La segunda novela negra no tardó en llegar y en 1948 publicó El asesinato puede ser divertido.
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El gran reloj de Kenneth Fearing

El gran reloj, Kenneth Fearing y la evolución de la novela negra

Esta novela es una de las excepciones noirs de Kenneth Fearing, desconocido por mí pero reconocido en Estados Unidos por, principalmente, su legado poético. El autor pisó varias habitaciones de la literatura: periodista en los años veinte; poeta desde el año del Crack y consagrado durante la Gran Depresión; novelista desde 1939, cuando arrancó la II Guerra Mundial. No se dedicó al género negro, solo tres novelas, pero El gran reloj de Kenneth Fearing supuso los elogios de uno de los reyes del sector, como Raymond Chandler: «todavía estoy un tanto asombrado de cómo es que no ha aparecido nadie que me haya dejado en evidencia. Excepto algún tour de force ocasional como El gran reloj, no ha salido nadie».

David G. Panadero, uno de los que más saben de este género, cuenta en Prótesis que en los años posteriores a la II Guerra Mundial «los escritores policíacos dejaban a un lado su afán contestatario para pasar a indagar en el comportamiento humano» y, a partir de la generalización del psicoanálisis, para muchos autores resulta más interesante profundizar en el ciudadano medio que en los criminales habituales: «cualquier hombre corriente podría ser víctima o autor del delito». Panadero explica que estas novelas fueron denominadas «suspense»: más importante que el crimen son las sensaciones de los personajes sobre lo que creen que va a pasar.
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El halcón maltés

El halcón maltés, un caso de Spade por Dashiell Hammett

Dashiell Hammett edificó su leyenda en el género negro escribiendo principalmente relatos, durante los años veinte, y dejando cinco novelas entre 1929 y 1934, los años de la Gran Depresión. Entre estas destaca El halcón maltés, la tercera que publicó y la primera en la que apareció el detective Sam Spade, quien tuvo continuación en años posteriores en relatos cortos. Todo un clásico para iniciarme en este autor, cuya adscripción a los ideales de izquierda le costó caro. En las líneas se puede entrever un profundo desapego hacia el sistema estadounidense de Sam Spade. En esta novela vemos los elementos históricos del noir. Un crimen, un detective, la femme fatale, varios delincuentes y una historia intrincada que los une.Leer más »El halcón maltés, un caso de Spade por Dashiell Hammett

El asesino dentro de mí

El asesino dentro de mí, Jim Thompson

Existen varios subgéneros, pero creo que El asesino dentro de mí pertenece a esa clase de novela negra que más me gusta. Se desarrolla en una comunidad lo suficientemente grande para tener un buen mosaico de paisajes y lo suficientemente reducida para que las acciones repercutan en el conjunto. Y da igual si el protagonista es bueno o malo, pero sabe dialogar. Es, según leo, una de las novelas que más fama le dio a Jim Thompson y la que le permitió trabajar como guionista con Stanley Kubrick en la genial Atraco Perfecto y en Senderos de gloria (sin adjetivo porque no la he visto).

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A quemarropa, de Richard Stark

A quemarropa, la venganza de Parker

El País y SerieNegra lanzaron en verano una promoción de clásicos de novela negra a precio reducidos, 1,95€, una mina para acercarse al género. Uno de ellos es A quemarropa, primera novela del atracador profesional Parker, firmada por Richard Stark. Este nombre el seudónimo de Donald E. Westlake, ganador de tres Premios Edgar, y nombrado Gran Maestro del Misterio por la Asociación de Escritores de Misterio. En esta novela presenta a un hombre violento y sin el menor atisbo de intentar caer simpático ni asustarse ante el poderío de una organización criminal.Leer más »A quemarropa, la venganza de Parker

Cualquier otro día

Cualquier otro día, la brillantez de Lehane en el Boston revolucionario

En portada ves unos policías con cajas y barriles. La contraportada habla sobre una enfermedad que traen soldados de la Primera Guerra Mundial; sobre un joven policía, que acaba al frente de un movimiento sindical; y sobre un negro que deja un rastro de sangre. Sin embargo, Cualquier otro día arranca hablando de béisbol, con las Series Mundiales de 1918 y una pachanga improvisada por los Red Sox. Es un inicio marca Dennis Lehane, a quien no le gustan los inicios vertiginosos, «creo que el arte de narrar es otra cosa». Su novela más extensa hasta el momento es una historia monumental que cuida cada momento.

Los Red Sox vuelven hacia Boston. En un corrillo se habla de una huelga: los jugadores van a perder el 5% de la recaudación de taquilla. Una pieza del tren se rompe y tardarán al menos dos horas en arreglarla. Los jugadores salen a pasear y se encuentran con un grupo de negros jugando al béisbol, y organizan un partidito. En este prólogo incluye Lehane los motores que veremos en Cualquier otro día. En la huelga tenemos las tensiones sindicales, salvando las distancias entre los jugadores privilegiados y los policías sin derechos. Además, entre los jugadores también afloran fricciones raciales.

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