The Old Man and the Gun

The old man and the gun

El último gran galán del cine se despide de la interpretación. Robert Redford dice adiós con un papel que enreda la figura del atracador protagonista con la mística del actor y nuestra memoria colectiva de una carrera de más de medio siglo. The old man and the gun es la película perfecta para guardar en la retina como último recuerdo suyo. Hora y media de encanto, nostalgia y carisma. Una historia narrada con aire clásico por David Lowery.

The old man and the gun adapta un artículo del periodista David Grann para The New Yorker. Y entre sus líneas leemos unas palabras pronunciadas por un capitán de policía: «nunca había conocido un criminal tan amable«. Y esa es la gracia de la historia. No tiene nada que ver con el enfermizo y solitario atracador de De Niro en Heat, o los arrogantes cabecillas estilo Danny Ocean. Forrest Tucker simplemente te pide el dinero amablemente y se lo das. En cuanto cruzaba la puerta del banco, sus empleados veían un hombre encantador. Robert Redford encaja ahí como un guante.

Lowery hace malabares, y le sale bien, con el relato crepuscular del bandido y la persecución policial del atracador misterioso. Cassey Affleck centra la parte policial de la historia encarnando al detective John Hunt. Él construye el caso estudiando atracos sin resolver, admirándose de los testimonios y obsesionándose con la figura de Tucker. Gracias a John Hunt nos hacemos una idea su larga vida a caballo entre atracos, condenas y fugas de prisión. Seguramente la nota más característica que encontramos es cómo cada empleado de banco explica que mientras atracaba… «se le veía feliz». La simbiosis entre actor y personaje culmina al colorear la biografía del atracador que va descubriendo Hunt con imágenes de la carrera de Redford.

El personaje de Sissy Spacek es la tercera pata de esta película. Se encarga de encarnar el futuro de Tucker al margen de los atracos. Es un dilema habitual de las pelis de atracadores tener el dilema de construir una vida a nuestro lado de la ley o seguir viviendo en busca de ese chute de emoción de ganarle la partida al banco. Forrest Tucker tiene dos opciones. Puede quedarse con Jewel y pasear descalzos por el parque o volver a las andadas como un Sundance Kid crepuscular.

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