Los perros de Riga, de Henning Mankell

Los perros de Riga

Kurt Wallander no tiene especial interés en la política. Pero Henning Mankell era un escritor rojo de género negro en una época apasionante. En casa, en Suecia, el país aún se despertaba del sueño del paraíso socialdemócrata. Y, un poco hacia el Este, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas vivía sus últimos días. El gran escenario natural de las historias de espías estaba a punto de decir adiós. Pero aún le quedó tiempo a Mankell para colar por la rendija a su detective en este matrimonio entre la novela policíaca y la novela de espías. La historia se tituló Los perros de Riga y permitió a Wallander comprobar que al otro lado del telón de acero cada investigación policial implicaba involucrarse en una intriga política.

El caso en cuestión es una investigación que a Wallander empieza a írsele de las manos rápido. En cuestión de días, a la costa sueca llega un bote con un par de hombres extranjeros asesinados y la comisaría de Ystad empieza a recibir gente dispuesta a ayudar. Primero una delegada ministerial de Asuntos Exteriores y dos detectives de Estocolmo. Y cuando se confirma la procedencia de los muertos, un Mayor de la policía letona, aún bajo el dominio de Moscú, llamado Karlis Leipa. Pero precisamente Leipa es con quien mejor congenia Wallander. Meticuloso, prudente y perspicaz. El idioma lastra sus conversaciones, pero Wallander entiende lo necesario para comprobar que el reviste especiales circunstancias políticas. Lo que Bosch llamaría un high-jingo.

Los perros de Riga mezcla novela negra y thriller de la guerra fría

La historia ahí lo tiene todo para ser un precursor de Bron Broen. Dos detectives de países muy distintos se ven obligados a investigar juntos un caso que afecta a ambas naciones. Pero cuando la acción se traslada a Letonia, el thriller policíaco deja paso a las viejas historias de espías. Palabras crípticas, traslados con todos los rodeos posibles y una permanente sensación de estar observado marcan la estancia de Wallander en Riga. Allí comprueba que la investigación policial está estrechamente ligada a la intriga política. Y conoce a los monstruos que aparecen cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Mankell describe un país cuyo proceso de transformación está en estado de incertidumbre. Y Wallander, que apenas se interesa por la política de su país, tiene que ir aprendiendo sobre la marcha cómo es un país en intento de transición.

Los perros de Riga podría funcionar perfectamente incluso si solo contara la aventura de Wallander en Riga. Pero si algo explica la novela negra tal como la entienden Mankell o Connelly es que los asesinatos no se producen al margen de la sociedad y no siempre hay un móvil claro. A veces, los asesinatos son simples contingencias de operaciones más grandes. Y esta historia está inspirada en un período convulso como fue el largo proceso de independencia de los países bálticos. Los perros de Riga explora cómo pudieron ser aquellos tiempos dentro de los secretos despachos soviéticos y en los círculos clandestinos de la capital. Pero sobre todo explora cómo pudieron afectar esas decisiones y dinámicas a las personas.

Ficha técnica

  • Título: Los perros de Riga
  • Autor: Henning Mankell
  • Traducción: Dea M. Mansten y Amanda Monjonell
  • Editorial: Tusquets (Grupo Planeta)
  • Páginas: 331
  • Año: 1992 (original), 2002 (España)

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