Asesinos sin rostro, de Henning Mankell

Mankell era el rey cuando el nordic noir internacionalizó sus dominios. Unas décadas antes, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, habían trazado las líneas maestras de la novela negra escandinava. Y después, hubo sucesores como Stieg Larsson o Jo Nesbo. Pero el ascenso del género negro nórdico estuvo abanderado por este autor sueco, cuya serie protagonizada por el inspector Kurt Wallander es una de las grandes del género negro mundial. Asesinos sin rostro fue su primer título, que daba muestra del potencial de la novela negra como observatorio de desvíos éticos en la idealizada sociedad nórdica.

El debut de la serie Wallander llegó en un momento curioso para Suecia. Cinco años antes había sido asesinado Olof Palme, cuya muerte suele decirse que despertó al país de su inocencia. El primer ministro que encarnaba el idealismo socialdemócrata y pacifista murió tiroteado en plena calle. De hecho, según su sucesor, «Suecia no se recuperó nunca de aquello». Y Mankell, veterano izquierdista, tuvo la sensibilidad necesaria para recoger las secuelas. A algunas de ellas se enfrenta Wallander en Asesinos sin rostro. En concreto, Wallander topa con las relacionadas con el nacionalismo racista en contra de la sociedad abierta que defendía el político socialista.

Asesinos sin rostro es el gran debut del inspector Kurt Wallander

El rasgo más característico del nordic noir es la capacidad para relacionar el caso que investiga su protagonista con alguna cuestión nacional fuera de foco. Series como Forbrydelsen o Bron Broen explotaron esta cualidad llegando a una condensación algo excesiva. Abarcan tanto que a veces es difícil recordar cada recoveco. Pero esta novela de Henning Mankell es una versión más pura y menos recargada. Asesinos sin rostro arranca con la muerte violenta de un matrimonio de ancianos. Él se queda pronto sin vida, pero ella aguanta el tiempo suficiente para balbucear algo parecido a «extranjeros», lo que de alguna manera trasciende el secreto policial. Y Wallander debe lidiar en su investigación con los xenófobos que se agarran a lo de «extranjeros» para colgarle la culpabilidad a los refugiados que piden asilo político.

Henning Mankell ambienta la historia con el racismo contra refugiados

Precisamente por ese cariz social de la Suecia de los noventa veo Asesinos sin rostro como una novela actual leída en la España de 2020. Desde la aparición de determinados actores en la política nacional, el cuestionamiento de la inmigración se ha convertido en una matraca de fondo. Y solo vuelves a los años noventa con detalles como las llamadas desde cabinas o las sorpresas por los milagros que empieza a ofrecer la informática.

Y esta fue solamente la primera de una serie de novelas que se sucedieron a razón de una por año. Pero, por suerte, a Mankell le salió un personaje inolvidable con Kurt Wallander. Imperfecto, como manda la tradición del género. Separado de su mujer, alejado de su hija y distanciado emocionalmente de su padre. Menos izquierdista que Mankell, incluso entendería ser considerado conservador. Y muy trabajador; ni entregado a la intuición como los Sherlock, ni tan héroe de acción como Harry Hole. Es, en definitiva, uno de esos personajes que te duelen no haber conocido antes.

Ficha técnica

Asesinos sin rostro
  • Título: Asesinos sin rostro
  • Autor: Henning Mankell
  • Traducción: Dea Marie Mansten y Amanda Monjonell Mansten
  • Editorial: Tusquets (Grupo Planeta)
  • Páginas: 304
  • Año: 1991 (original), 2001 (España)

2 pensamientos sobre “Asesinos sin rostro, de Henning Mankell”

  1. Pienso que la novela tiene un error en el argumento. Es verdad que en su contenido hay un reflejo crítico contra el racismo, la xenofobia o la situación de los refugiados, pero al final estos temas parecen un ornamento. (SPOILER) El trabajo de investigación de Kurt Wallander se vuelve intrascendente cuando encuentra al asesino no gracias a la investigación, sino a un golpe de claridad al final. Es equivalente al típico cuento donde los sucesos fueron un sueño, o donde se revela en el desenlace que el narrador está muerto.

    1. Hola

      Entiendo tu punto de vista, porque no soy precisamente fan de esas resoluciones. Pero en este caso me parece justificado, porque el golpe de intuición viene por las horas que le ha dedicado al caso y las lecturas del expediente. En los libros de Bosch a veces ocurre parecido,y Bosch lee y relee hasta dar con el «pegamento» que une todo, o con el tapón que deja salir las respuestas

      saludos

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