The Deuce, crónicas de Times Square

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The Deuce, crónicas de Times Square

Cada vez que suena el chisporroteo previo a la aparición del logo de la HBO, pienso en David Simon. A lo largo de los años, este periodista de profesión ha gestionado mejor que nadie mi concepto de la cadena con mejor prestigio de la industria. Se gestó con The Wire. Luego, retrocedí a The Corner. Avancé hasta Treme. Seguí con Show me a hero. Y ahora ha tocado gozar The Deuce. En esta última historia firma la autoría con George Pelecanos, brillante escritor de novela negra que ya ha participado en otras obras de Simon. Y aunque ambos son de Washington DC, estrenan liderazgo compartido relatando el origen de la industria pornográfica en el Nueva York de los setenta. Una putrefacta muestra de lo que es el género negro más sucio.

Eso es lo que significaba la calle 42 de Manhattan. Hoy es un lugar lleno de teatros y puntos de interés turísticos en los que hacerse fotos. Pero a mediados del siglo XX era llamado The Deuce, el demonio, era el barrio a evitar para la buena gente, el barrio frecuentado por lo peor de la ciudad. Prostitución, drogas y atracadores. Simon y Pelecanos escriben sobre un puñado de perdedores que viven en este sumidero municipal. Buscavidas, prostitutas, chulos, gánsters, jugadores morosos, sindicalistas confundidos y policías que tampoco renuncian a un bocado de más. Es como ver los ambientes de Serpico, Malas Calles y Pánico en Needle Park a la vez. Pero sin taxista redentor.

The Deuce son los bajos fondos más inmorales de Manhattan

The Deuce es también una serie de equilibrios. A veces es muy cruda y muy desagradable, principalmente las escenas de prostitutas con clientes. Y otras es para reír sin parar, si algo tienen las historias de perdedores es una capacidad más que demostrada para sacar humor de la desgracia. En otras ocasiones hay esperanza. Y en la mayoría del tiempo hay desencanto porque no parece que haya solución. Quizá para la apariencia del barrio sí, pero no para las mujeres que están siendo esclavizadas. En un capítulo, los proxenetas se preguntan qué será de ellos, pero para sus chicas nada cambia: pasan de un dueño a otro. A lo largo de ocho capítulos vemos muchas historias alrededor de estos temas.

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Junto a Simon y Pelecanos también hay otros novelistas noirs como Richard Price o Megan Abott. Autores de un género que cuida mucho sus personajes. Y el resultado es una maraña de tramas paralelas y perpendiculares que funcionan gracias a sus personajes y un reparto magnífico. James Franco interpreta a los hermanos Martino, Frankie es un bala perdida a quien su hermano Vincent ayuda saldando una deuda. El acreedor es Rudy Pipilo, Michael Rispoli, y es uno de los pocos que parece que gana dinero de verdad en el Deuce. Entre los chulos destaca C.C., Gary Carr, un chulo al que le duele no contar con respeto. Seguramente el personaje más (o el único) esperanzador sea el de una excelentísima Maggie Gyllenhaal, Candy, que se interesa por el diseño de producción en la floreciente industria pornográfica.

Maggie Gyllenhaal y James Franco encabezan un gran abanico de personajes

Con casi todos ellos tienen que lidiar los agentes de patrulla. Estos policías son el último punto de encuentro del Departamento con la calle. Son ellos quienes se enfrentan a las consecuencias de las estrategias de cuotas, estadísticas y desplazamientos. The Deuce encarna esta posición en Chris Alston, Lawrence Gilliard Jr. (¡D’Angelo Barksdale en The Wire!), y en Flanagan, Don Harvey. No son dos angelitos limpios, también se llevan sus sobres. De hecho, no hacerlo podría ser mal visto por otros compañeros. Casi parece que cobran sobresueldos por puro pragmatismo. Pero principalmente en Alston vemos la desilusión por lo que ve desde el coche cada día, y esta perspectiva le facilita ser fuente de una periodista. Pero la conclusión es que el sistema parece roto. El mercado ahoga a mucha gente y la administración no parece intervenir en la buena dirección.

“Aunque no veas porno, consumes su lógica”

The Deuce fue anunciada hace dos años junto a una historia periodística trabajada junto a Carl Bernstein, quien destapó el Watergate junto a Bob Woodward. Francamente, mi interés iba más por ahí que por el génesis pornográfico. Pero Simon y Pelecanos han conseguido guiar el corazón de la historia hacia la desigualdad de género y la lucha entre trabajo y capital. Incluso en una conversación con The Guardian establecían una estrecha relación entre la prostitución, la pornografía y la misoginia.

“La cultura ha cambiado debido a la forma en que se representan las mujeres en la cultura popular. La pornografía es una gran parte. Puedes decir que nadie está lastimado, es solo una fantasía de masturbación y todo eso. Pero ahí hay tráfico de mujeres, hombre”, Pelecanos

“La pornografía ahora es una industria multimillonaria y afecta la forma en que vendemos todo, desde la cerveza hasta los autos y los tejanos. La lengua vernácula de la pornografía está ahora integrada en nuestra cultura. Incluso si no estás consumiendo pornografía, estás consumiendo su lógica. Madison Avenue se ha encargado de eso”, Simon

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The Deuce está disponible exclusivamente en HBO España.

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