Tarde, mal y nunca, de Carlos Zanón

Carlos Zanón

Tarde, mal y nunca, de Carlos Zanón

Este barcelonés fue anunciado hace un par de semanas como nuevo comisario de la BCNegra, en sustitución del histórico Paco Camarasa. Cuando se celebró el primer festival, Carlos Zanón aún no sonaba en el ambiente noir. Pero su nombramiento en 2017 es el de una de las firmas más prestigiosas del género negro en español. Y llegó a esta talla en apenas cinco años a partir de inaugurar su biblioteca negra y criminal con Tarde, mal y nunca.

Antes de su primer cadáver, Carlos Zanón contaba con una dilatada trayectoria escribiendo principalmente poesía y música. Esta influencia se reflejaría en la premiada Yo fui Johnny Thunders, su consagración.  Pero antes de la tercera tenía que llegar la primera, la más difícil. Zanón contó su llegada al noir en una mesa de la Barcelona Negra de 2016 con el histórico Andreu Martín. Por interés del post dejo las palabras del autor de Tarde, mal y nunca, pero recomiendo totalmente la hora y cuarto de conversación de dos maestros.

Este debut de Carlos Zanón es una novela de perdedores. El último sótano del noir. Nadie va a salvar el mundo, ni tampoco va a generar riqueza. Va más de sobrevivir en rincones fuera de la ley, por voluntad o por vueltas de la vida. Es un género que me gusta mucho y que ya he comentado con autores como George V. Higgins o Dennis Lehane, un escritor este último que me suele recordar a Zanón, y viceversa, por el mimo con el que escriben sus personajes.

Tarde, mal y nunca no es una novela de trama, es una historia de personajes empujados por una situación. En la BCNegra, Carlos explicaba que la idea original iba sobre un chico que le roba la novia a Manu Chao. El cantante quedó descabalgado de la versión final, pero sobrevivió el esquema. Epi mata a Tanveer por quitarle a Tiffany. Y el autor aprovecha este triángulo para explicar el barrio, a través de los ojos de un musulmán como Tanveer, una latina como Tiffany y dos locales como Epi y su hermano Alex. No es ni de lejos una historia romántica, es enfermiza.

Carlos Zanón debutó en las calles de un barrio en descomposición

El barrio también está en cierto modo enfermo, o terminal. Es una barriada deteriorada por la fuga de quien pudo irse y la llegada de sectores marginales de la población. La idea de Zanón era “capturar el aquí y ahora, bajar un día a la calle y mirar. Es también un espacio mental en el que domina la incomunicación absoluta. Uno no tiene ni puñetera idea de lo que piensa y quiere el otro”.

El barrio hace tiempo que está harto. Los chicos, aburridos. Blancos, amarillos o negros. En eso sí que coinciden, mientras que los viejos no olvidan que, de un modo u otro, ellos también han sido estafados. Tolerancia, diversidad y mestizaje son pedazos de eslóganes que quedan bien en editoriales periodísticos que en el barrio nadie lee, canciones que no se escuchan o discursos escupidos por políticos a los que muchos ni siquiera pueden votar. Y la gente vive, se quiere, se odia y soporta como mejor puede. Unos llevan pañuelos, otros hacen demasiado ruido con las radios y el resto recuerda con nostalgia cuando la ciudad era una señora de anchas caderas, rancia y distinguida, que sabía esconder la basura bajo alfombras y en calabozos.

Para cerrar el artículo, me gustaría destacar que Zanón también ha sido letrista de artistas musicales, entre otros de Loquillo. El hijo de nadie es una canción que alude a la vida de barrio y arranca así: “El corazón y el destino marcado / sin dinero y con poco trabajo / ni padrinos dando su respaldo”.

Ficha técnica

Título: Tarde, mal y nunca
Autor: Carlos Zanón
Editorial: RBA Serie negra
Año: 2009
Páginas: 224

 

 

 

 

 

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