the snowman

Debo de ser una de las escasas personas que ha disfrutado con The Snowman. El primer caso en cines del comisario Harry Hole no ha sido precisamente un éxito deslumbrante, pero tampoco me ha parecido un desastre. Entré en la sala con sensaciones encontradas: por un lado, mis altas expectativas tras leer las novelas; por otro, el bajón de las críticas. Se queda en un thriller muy interesante. Yo al menos no pensé en otra cosa durante las dos horas a oscuras iluminado por la blanca nieve noruega.Sigue leyendo

El asesinato como diversión

Brown insiste en esta novela en la idea de que un ciudadano cualquiera puede verse envuelto en una actividad criminal. Igual que El gran reloj, pone a un periodista en el centro de la historia. Sin embargo, Fredric Brown hace una gran incorporación: el humor, no como chascarrillo aislado sino como algo natural en la narración, algo lógico al titular la novela El asesinato puede ser divertido. En España se tradujo El asesinato como diversión.

Fredric Brown se ganó la vida escribiendo, sobre todo, ciencia ficción. A mediados de los años cuarenta probó con el género negro con La trampa fabulosa. Se le dio tan bien que ganó un Premio Edgar en 1947 a mejor novela de misterio. La segunda novela negra no tardó en llegar y en 1948 publicó El asesinato puede ser divertido.
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El gran reloj de Kenneth Fearing

Esta novela es una de las excepciones noirs de Kenneth Fearing, desconocido por mí pero reconocido en Estados Unidos por, principalmente, su legado poético. El autor pisó varias habitaciones de la literatura: periodista en los años veinte; poeta desde el año del Crack y consagrado durante la Gran Depresión; novelista desde 1939, cuando arrancó la II Guerra Mundial. No se dedicó al género negro, solo tres novelas, pero El gran reloj de Kenneth Fearing supuso los elogios de uno de los reyes del sector, como Raymond Chandler: “todavía estoy un tanto asombrado de cómo es que no ha aparecido nadie que me haya dejado en evidencia. Excepto algún tour de force ocasional como El gran reloj, no ha salido nadie”.

David G. Panadero, uno de los que más saben de este género, cuenta en Prótesis que en los años posteriores a la II Guerra Mundial “los escritores policíacos dejaban a un lado su afán contestatario para pasar a indagar en el comportamiento humano” y, a partir de la generalización del psicoanálisis, para muchos autores resulta más interesante profundizar en el ciudadano medio que en los criminales habituales: “cualquier hombre corriente podría ser víctima o autor del delito”. Panadero explica que estas novelas fueron denominadas “suspense”: más importante que el crimen son las sensaciones de los personajes sobre lo que creen que va a pasar.
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