Lo que es sagrado

El abrazo de la oscuridad fue devastador para Kenzie y Gennaro por el dolor y las pérdidas. Los investigadores entraron en una etapa de convalecencia moral y sentimental que va por el cuarto mes cuando arranca esta Lo que es sagrado. Ambos han dejado de abrir la oficina cada día, y ella ni siquiera se acerca a su casa, donde los asesinos del último caso atentaron contra su vida. El problema es que en Boston parece que demasiada gente necesita detectives, y le trae sin cuidado que esos detectives no estén disponibles. Nada que no pueda arreglar un secuestro.

Lo que es sagrado recurre a un tipo de historia que recuerda al género negro clásico. Por los perfiles de personajes y por la forma de llevar la historia, con sus giros y suspense. El hombre que secuestra a los dos detectives es Trevor Stone, un hombre muy rico que quiere encontrar a su hija, y ya de paso al investigador contratado en primer lugar (que además fue mentor de Patrick) y al que también perdió de vista. A partir de aquí aparecen los matones de Trevor con título de asistente, los delincuentes de medio pelo que sueñan con grandes golpes y la femme fatale que suele liar a hombres de poca consistencia, todo envuelto en versiones que se refutan unas a otras y lejos del Boston natal de Angela y Patrick.
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Patrick Kenzie

Apenas dos novelas nos han enseñado que los detectives Patrick Kenzie y Gennaro aguantan la mirada a cualquiera sin pestañear. Lo vimos en Un trago antes de la guerra, cuando se implicaron en un conflicto entre bandas en Dorchester para proteger su barrio y tomar plena conciencia del caso que aceptaron. Y ahora lo vuelven a demostrar en Abrázame, oscuridad, donde es la violencia quien les busca a ellos para amenazar su universo y sus biografías. Y obviamente ellos acaban mal, pero tendrías que ver al otro.
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Aro Sainz de la Maza El asesino de la pedrera

Descubrí esta novela por casualidad: una promoción de verano que por apenas 1,95€ ofrece un buen taco de seiscientas páginas. No conocía ni el autor ni la historia, pero el título refiriéndose a un símbolo de Barcelona fue bastante para cazarme. Aro Sainz de la Maza es un escritor experimentado en otros géneros y además trabaja como editor. El asesino de la pedrera es su primera novela negra, y con ella nace el inspector Milo Malart.

Uno de las primeras conclusiones al leer la novela es que Sainz de la Maza pretende y consigue lucir Barcelona como escenario, no la limita a un apellido del asesino o un conjunto intercambiable de calles, y además le da el barniz de la Barceluña de la que hablaba Enric González. El autor consigue poner en contra de la ciudad condal sus grandes marcas, empezando por Gaudí y remitiendo a la Semana Trágica de 1909 que bautizó a la ciudad condal como la Rosa de Fuego. 
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Enric González dice en Memorias líquidas que su Barcelona es la de los ochenta, “una ciudad en tránsito. El franquismo hacía las maletas o se disfrazaba de otra época, los poderes sustitutorios no habían llegado todavía y la libertad era un estado de ánimo sin reglas ni procedimientos democráticos. Era una ciudad y desordenada, relativamente pobre y pocos turistas. No se parecía en nada al parque temático de la actual Barceluña”. Enric es uno de mis periodistas preferidos y llegué a él, como muchos futboleros, a través de Historias del Calcio.

Para mí, él era Enric y González Ledesma su padre, lo que seguramente supone una herejía para los veteranos de la novela negra española. Aunque eso cambió hace poco con La dama de cachemira (1986, Premio Mystère), Historia de Dios en una esquina (1991) y Una novela de barrio (2007, Premio RBA aunque “ya ni el Barrio Chino se llama así”). No es un cambio de roles, es un aumento de admiración hacia Francisco González Ledesma.
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Kenzie y Gennaro

Ha pasado un año desde que Lehane publicó su última novela, que cerrará la trilogía sobre la familia Coughlin, y seguimos sin noticias en España. Así las cosas, he aprovechado para viajar a los origenes del autor con la serie Kenzie y Gennaro. Un trago antes de la guerra es el estreno de esta pareja de detectives de Dorchester.

La pareja de detectives es lo mejor de la novela. A diferencia de Bosch o Archer, Kenzie y Gennaro trabajan juntos y no han desarrollado tanto el carácter solitario. Aunque hay que decir que se entienden entre ellos mejor que con nadie. Tienen una gran complicidad edificada desde su infancia, ambos han sufrido el dolor infringido por personas a las que querían y se protegen el uno al otro. Si hay algún problema, les hace de cobertura un antiguo compañero llamado Bubba: un ejército de una sola persona que odia a todo el mundo excepto a Patrick y Angela. Además, Un trago antes de la guerra es notable también por su ritmo.
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Vivir de noche

Vivir de noche es la continuación de la monumental Cualquier otro día. Dennis Lehane cambia las asambleas del mundo obrero por las destilerías y veladas del crimen organizado. Y da un salto de siete años desde la huelga policial de 1919 hasta el ecuador de los felices años veinte. En esos días el crimen organizado ya había una organización demasiado poderosa para echarla abajo gracias a la Ley Seca. Aunque sin igualar el cum laude de Cualquier otro día, el autor recupera la mejor versión de las historias de gánsters.

La familia Coughlin sigue siendo la protagonista, pero en esta ocasión, Danny cede el protagonismo a su hermano menor. Joe tenía poco peso en Cualquier otro día, era un niño de once años, “bajo para su edad, aunque Danny sabía que lo compensaba siendo uno de los niños más duros en un barrio de niños duros”. Pero en Vivir de noche vemos que Joe ha crecido  y se ha hecho un nombre fuera de la ley. Además, ha conseguido superar su miedo a las criaturas de la noche, fruto de su primera escapada nocturna. El pequeño de la familia se queda solo cuando rechaza un “trabajo honrado” cerca de Danny, su familiar favorito:

Joe: Prefiero la noche, tiene sus propias reglas.
Danny: El día también.
Joe: Ya lo sé, pero no me gustan.

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El asesinato como diversión

Brown insiste en esta novela en la idea de que un ciudadano cualquiera puede verse envuelto en una actividad criminal. Igual que El gran reloj, pone a un periodista en el centro de la historia. Sin embargo, Fredric Brown hace una gran incorporación: el humor, no como chascarrillo aislado sino como algo natural en la narración, algo lógico al titular la novela El asesinato puede ser divertido. En España se tradujo El asesinato como diversión.

Fredric Brown se ganó la vida escribiendo, sobre todo, ciencia ficción. A mediados de los años cuarenta probó con el género negro con La trampa fabulosa. Se le dio tan bien que ganó un Premio Edgar en 1947 a mejor novela de misterio. La segunda novela negra no tardó en llegar y en 1948 publicó El asesinato puede ser divertido.
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El gran reloj de Kenneth Fearing

Esta novela es una de las excepciones noirs de Kenneth Fearing, desconocido por mí pero reconocido en Estados Unidos por, principalmente, su legado poético. El autor pisó varias habitaciones de la literatura: periodista en los años veinte; poeta desde el año del Crack y consagrado durante la Gran Depresión; novelista desde 1939, cuando arrancó la II Guerra Mundial. No se dedicó al género negro, solo tres novelas, pero El gran reloj de Kenneth Fearing supuso los elogios de uno de los reyes del sector, como Raymond Chandler: “todavía estoy un tanto asombrado de cómo es que no ha aparecido nadie que me haya dejado en evidencia. Excepto algún tour de force ocasional como El gran reloj, no ha salido nadie”.

David G. Panadero, uno de los que más saben de este género, cuenta en Prótesis que en los años posteriores a la II Guerra Mundial “los escritores policíacos dejaban a un lado su afán contestatario para pasar a indagar en el comportamiento humano” y, a partir de la generalización del psicoanálisis, para muchos autores resulta más interesante profundizar en el ciudadano medio que en los criminales habituales: “cualquier hombre corriente podría ser víctima o autor del delito”. Panadero explica que estas novelas fueron denominadas “suspense”: más importante que el crimen son las sensaciones de los personajes sobre lo que creen que va a pasar.
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El halcón maltés

Dashiell Hammett edificó su leyenda en el género negro escribiendo principalmente relatos, durante los años veinte, y dejando cinco novelas entre 1929 y 1934, los años de la Gran Depresión. Entre estas destaca El halcón maltés, la tercera que publicó y la primera en la que apareció el detective Sam Spade, quien tuvo continuación en años posteriores en relatos cortos. Todo un clásico para iniciarme en este autor, cuya adscripción a los ideales de izquierda le costó caro. En las líneas se puede entrever un profundo desapego hacia el sistema estadounidense de Sam Spade. En esta novela vemos los elementos históricos del noir. Un crimen, un detective, la femme fatale, varios delincuentes y una historia intrincada que los une.Sigue leyendo

El asesino dentro de mí

Existen varios subgéneros, pero creo que El asesino dentro de mí pertenece a esa clase de novela negra que más me gusta. Se desarrolla en una comunidad lo suficientemente grande para tener un buen mosaico de paisajes y lo suficientemente reducida para que las acciones repercutan en el conjunto. Y da igual si el protagonista es bueno o malo, pero sabe dialogar. Es, según leo, una de las novelas que más fama le dio a Jim Thompson y la que le permitió trabajar como guionista con Stanley Kubrick en la genial Atraco Perfecto y en Senderos de gloria (sin adjetivo porque no la he visto).

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