No soporto el género de la novela enigma. No me gusta que se convierta un asesinato en una especie de juego para un investigador redicho. Sus crímenes suelen recordar siempre unos a otros ya desde la sinopsis. Me refiero a esa mezcla de ambiente aristócrata y amplio abanico de personajes que se convierten en sospechosos porque estaban todos tan cerca del muerto como lejos del mundo. Me pasó recientemente cuando vi Asesinato en el Orient Express, o habitualmente con Sherlock. La primera me aburrió de principio a fin. La segunda me gusta por la dinámica entre personajes. Y todo eso que no me gusta está en la presentación de Pecado, de Benjamin Black, pero por suerte no tengo la costumbre de abandonar libros empezados.

Benjamin Black es el seudónimo que utiliza John Banville para sus novelas negras, la mayoría protagonizadas por el forense Quirke. También publicó hace unos años una actualización de Philip Marlowe. Pero mi primer acercamiento a su narrativa ha sido con este Pecado, que abre una nueva serie protagonizada por St. John Strafford, inspector de la policía irlandesa. Este joven es enviado en pleno invierno al condado de Wexford para investigar la muerte del sacerdote Lawless en una reputada mansión local. Desde el primer momento le dejan claro al inspector que debe tener en cuenta las implicaciones del caso. Es un cura católico muerto en un pequeño pueblo irlandés en 1957. No es una vida perdida cualquiera.Sigue leyendo

corrupción policial

Corrupción policial es una de mis mejores sorpresas literarias de este año. Lamento no haberme apuntado a Don Winslow antes, pero me felicito por haberle conocido con esta novela tan explosiva. A principios de año, Stephen King pidió que pensáramos en ella como El padrino pero con policías. Sin embargo, a mí me ha sugerido más un cóctel de Uno de los nuestrosThe Shield Serpico. Obras muy distintas pero unidas por un hermético sentimiento de grupo. Y un ambiente muy hostil a la delación. Policías y personas con una personalidad muy marcada. Aunque después de todo, como dice el fragmento de Adiós, muñeca que encabeza la novela, “los policías solo son personas”. “Empiezan así, según me han dicho”.

Decía Dennis Lehane que “la novela negra era el Shakespeare de la clase trabajadora. La diferencia es desde dónde caen los personajes. Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe se cae desde el bordillo”. Pero en esta novela negrísima, el ídolo también cae desde lo más alto, desde el trono. Dennis Malone es el Rey de Manhattan Norte. El último hombre que los neyorquinos esperarían ver confinado es este sargento. A través de un prólogo metralleta, Winslow te convence de que Malone es el preso más improbable de la ciudad y tampoco tú te crees que pueda estar entre rejas. Un líder natural de la unidad de élite más importante del Departamento de Policía de Nueva York, la Unidad especial de Manhattan Norte. La Unidad, a secas, The Force, como se titula la obra en inglés.Sigue leyendo

yo fui johnny thunders

Pasó que todo se fue a la mierda. Que no todos ganamos. De hecho solo ganan los que siempre ganan.  Parecía que con ese trabajo, con ese golpe o con esa chica podía ir la vida a mejor. Pero no fue así. Esta podría ser la Biblia de las historias de perdedores, un género muy asociado en España con Carlos Zanón. Sus novelas están publicadas al amparo de la etiqueta negra, pero Zanón es un escritor de fronteras. En una entrevista, el barcelonés decía que la crisis ha ayudado a que la novela negra se convirtiera en la novela costumbrista. Y la novela negra de Zanón, antes que sobre el crimen, trata sobre la sociedad que vive en los margenes. Desde allí anhelaba Francis ser Mr Frankie. Y lo llegó a ser, pero pasó que todo se fue a la mierda. Aunque hay quien pueda decir Yo fui Johnny Thunders.

Como pasaba en Tarde, mal y nunca y en No llames a casa, la trama no es tan importante como lo que se les puede pasar por la cabeza a los personajes. Yo fui Johnny Thunders gira en torno al regreso de Francis al viejo barrio. Allí donde soñaba con ser Mr Frankie y trascender la vida que le ofrecía el Guinardó. Mr Frankie tuvo años de rock&roll, mujeres, droga y éxito. Pero ahora, años después, Mr Frankie está en coma y a Francis no le queda otra que volver a la casilla de salida, a un barrio en crisis, como el resto del país. Cuarentón, sin éxito, y con hijos a los que no pasa la manutención, tiene que reencontrarse con su padre, su medio hermana, un buen amigo al que echó de su grupo, su ex mujer, sus hijos y todos sus fantasmas.Sigue leyendo

No llames a casa

La gente, a veces, demasiadas veces diría alguno, hace cosas extrañas. Lo dijo Carlos Zanón en una BCNegra citando a sus personajes de No llames a casa, su segunda novela negra. Igual que en Tarde, mal y nunca, Zanón vuelve a construir una excelente historia de personajes ambientada en los parámetros del género negro. Y en una capital del noir como es Barcelona. Pero en el escenario de las investigaciones policíacas de Andreu Martín o González Ledesma ahora imaginamos derrotas de perdedores. Es una etiqueta negra que permite echar un vistazo a la mezquindad en la vida cotidiana.

Zanón vuelve a incidir en la psicología de sus personajes, en qué les mueve. Aunque no son personajes con los que sea fácil o posible empatizar. Es una historia muy coral protagonizada por tres maleantes con un plan y dos víctimas con una promesa rota. En el primer grupo están Cristian, que es de los que olvidan mal (y esos se hacen daño); su hermana Raquel, que quiere lo que tienen las personas normales; y el novio de ella, Bruno, que es el cabecilla del grupo y sabe que los demás solo te quieren cuando tienes algo que necesitan. Y él tiene un espíritu empresario, cuya última idea es un negocio que les reporta nueve 9.000€ por cliente. La forma de conseguirlos es vigilar picaderos de adúlteros para chantajearlos con sacar a la luz sus escarceos.Sigue leyendo

Carlos Zanón

Este barcelonés fue anunciado hace un par de semanas como nuevo comisario de la BCNegra, en sustitución del histórico Paco Camarasa. Cuando se celebró el primer festival, Carlos Zanón aún no sonaba en el ambiente noir. Pero su nombramiento en 2017 es el de una de las firmas más prestigiosas del género negro en español. Y llegó a esta talla en apenas cinco años a partir de inaugurar su biblioteca negra y criminal con Tarde, mal y nunca.

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La última causa perdida

Dennis Lehane ya era una estrella del género cuando volvió a tocar a la puerta de Kenzie y Gennaro. Once años después de Plegarias en la noche, el autor se encontró con la versión más crepuscular de los investigadores. Un momento que permitía a Lehane experimentar con la figura del justiciero cansado, del héroe desilusionado, ante su última causa perdida.
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Ese mundo desaparecido

En el ámbito literario español, Dennis Lehane fue el gran protagonista de enero de 2017. El autor recibió en Barcelona el Premio Pepe Carvalho, Warner estrenó la adaptación cinematográfica de Vivir de Noche y Salamandra trajo por fin a nuestro país el cierre de la trilogía CoughlinEse mundo desaparecido es un relato cautivador y brillante que retoma la vida de Joe Coughlin, ahora asentado como un hombre respetable de Tampa, en un momento de zozobra nacional por culpa de la Segunda Guerra Mundial. También es la novela de la serie que en menos páginas mejor abandera las virtudes del escritor.
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La jungla de asfalto

Esta novela es una de mis preferidas. Aunque no la había reseñado aún, la he leído un par de veces cuando no tengo libro nuevo a mano. Es perfecta: cortita, divertidísima y con una gran galería de personajes memorables. La jungla de asfalto es un lugar magnífico para explorar y enamorarse de la novela negra más pura y clásica. Esta historia de WR Burnett forma parte del altar del género por ser tan negra como humana.

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Plegarias en la noche

Dennis Lehane puso aquí punto y aparte a su relación con Kenzie y Gennaro. Aunque se reencontraría con ellos once años después, el autor explicó su decisión argumentando que “llega un momento en el que hay que marcar la frontera. The Wire llegó a la quinta y llegó bien, pero fue peor que la cuarta. Llega un punto en el que hay que forzar demasiado a los personajes. Eso me pasó con Angie y Patrick”. Siguiendo su paralelismo, Desapareció una noche también es mejor que Plegarias en la noche. Pero es que Gone, baby, gone es la mejor. En cualquier caso, el final llegó cuando entendió que era lo mejor para no quemar sus personajes.

Esta sentido de la continuidad puede suponer un obstáculo para nuevos lectores, aunque Lehane contextualiza continuamente. A cambio, ofrece un arco dramático de largo recorrido para lectores fieles. De esta forma, en Plegarias en la noche vemos las consecuencias del trágico final de Desapareció una noche. La nota más evidente es la marcha de Angie. Con este panorama, además de un nuevo caso, Lehane trata recomponer la relación entre los ex novios y ex compañeros.
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Deuda de sangre

La  introducción de Jack McEvoy fue un gran aporte al universo Harry Bosch. Michael Connelly consiguió sorprender notablemente cambiando a su detective habitual por un periodista de sucesos, al que otorgó referencias autobiográficas. Dos años después, el autor alumbró a Terry McCaleb, un agente del FBI con talento para los perfiles psicológicos de asesinos en serie y retirado por problemas de salud. El protagonista de Deuda de sangre comparte honestidad y empeño con Bosch, son también dos caras de una misma moneda. Bosch se motiva con la víctima, “o cuentan todos o no cuenta nadie”. McCaleb con el criminal, “odiaba que alguien culpable saliera impune. Todavía lo odio”.

Este nuevo afluente del universo no supone una gran diferencia respecto a la serie Bosch. Ya sea por la forma de trabajar tan parecida o por desarrollarse también en Los Ángeles. Pero a falta del dónde y el cómo, Connelly se renueva con un quién y un porqué. McCaleb utiliza palabras parecidas a las de McEvoy para presentarse, “buscaba el mal, era mi trabajo. Y yo era bueno en eso“, pero “a la larga el mal me superó, se llevó lo mejor de mí. Creo (no lo creo, lo sé) que eso acabó con mi corazón”.Sigue leyendo