series policiacas 2018

El número de estrenos seriéfilos por año se ha doblado prácticamente a lo largo de esta década. Según el informe anual que publica FX, 2011 cerró con 266 producciones estrenadas y 2017 elevó la cifra a 487. Es un poco menos que el doble, pero aún quedan tres años para cerrar el período. En cualquier caso, es un bosque superpoblado que no deja ver los árboles con claridad. Cuesta elegir entre tanga oferta: algunas tienen una promoción brutal y otras nos las encontramos casi por casualidad. Así que para este año voy a recomendar aquí un puñado de series de género negro y alrededores a tener en cuenta para el 2018 recién inaugurado.

La palabra alrededores quiere decir que no son necesariamente policíacas. Decía el otro día el escritor Marcelo Luján que hoy en día lo negro no tiene que ver tanto con lo detectivesco como con el mal, que es una dimensión más potente. En esta lista, quizá algunas estén protagonizadas por policías. Otras no. Lo que me despierta el interés es que se ambienten en los margenes de la sociedad y la legalidad.Sigue leyendo

la oscuridad de los sueños

Michael Connelly ha creado una liga de la justicia que le permite buscar la verdad desde diferentes puntos de vista. Estos antihéroes llevan placa policial, imponen el poder del buró federal, litigan en los tribunales o firman crónicas. Cada linaje ha tenido a uno de los suyos protagonizando una novela, pero lo más habitual es que se dejen ver en las historias de los demás. Sorprendentemente, uno de los menos recurrentes en este universo literario es el periodista Jack McEvoy. Fue el primero en interrumpir la serie principal protagonizada por Harry Bosch. Comparte profesión con Connelly: el periodismo. Tenía todos los números para ser una voz del autor en las novelas. Pero debutó en El poeta como cabeza de cartel, fue secundario dos veces y no ha vuelto a aparecer desde que repitió como protagonista en La oscuridad de los sueños.

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No soporto el género de la novela enigma. No me gusta que se convierta un asesinato en una especie de juego para un investigador redicho. Sus crímenes suelen recordar siempre unos a otros ya desde la sinopsis. Me refiero a esa mezcla de ambiente aristócrata y amplio abanico de personajes que se convierten en sospechosos porque estaban todos tan cerca del muerto como lejos del mundo. Me pasó recientemente cuando vi Asesinato en el Orient Express, o habitualmente con Sherlock. La primera me aburrió de principio a fin. La segunda me gusta por la dinámica entre personajes. Y todo eso que no me gusta está en la presentación de Pecado, de Benjamin Black, pero por suerte no tengo la costumbre de abandonar libros empezados.

Benjamin Black es el seudónimo que utiliza John Banville para sus novelas negras, la mayoría protagonizadas por el forense Quirke. También publicó hace unos años una actualización de Philip Marlowe. Pero mi primer acercamiento a su narrativa ha sido con este Pecado, que abre una nueva serie protagonizada por St. John Strafford, inspector de la policía irlandesa. Este joven es enviado en pleno invierno al condado de Wexford para investigar la muerte del sacerdote Lawless en una reputada mansión local. Desde el primer momento le dejan claro al inspector que debe tener en cuenta las implicaciones del caso. Es un cura católico muerto en un pequeño pueblo irlandés en 1957. No es una vida perdida cualquiera.Sigue leyendo

manhunt: unabomber

Sigue el rastro del dinero. Es una frase histórica y cuando la oímos pensamos directamente en Garganta Profunda en Todos los hombres del presidente. O en The Wire. Si alguien la menciona, muy probablemente ha visto bien la película, bien la serie, o bien las dos cosas. Y sin recurrir a la cultura popular, también podemos imaginar de dónde es alguien por las palabras que utiliza. Es decir, el vocabulario normalmente delata a las personas. En el campo de la investigación, esta corriente se conoce como lingüística forense. Esta forma de trabajar es el centro de Manhunt: Unabomber, la historia de cómo un ex agente de patrulla logró cazar a uno de los terroristas más buscados por el FBI.

La caza del Unabomber fue una de las más longevas y caras de la historia del Buró Federal, según Newsweek. Arrancó en los años setenta y finalizó en los noventa. El objetivo era el terrorista que explotó dieciséis bombas a lo largo de dieciocho años, entre 1978 y 1995. Entre sus dianas se encontraban universidades y aerolíneas, lo que provocó que el FBI le bautizara con el acrónimo Unabomber: University and Airline Bomber. Un primer perfil del histórico John E. Douglas (Holden Ford en Mindhunter) describía al sujeto desconocido como un hombre con una inteligencia superior a la media. Sin embargo, ese bosquejo fue sustituido por uno que definía al terrorista como un trabajador de cuello azul, un mecánico. Estas últimas indicaciones provocaron palos de ciego hasta que un nuevo analista consiguió hacer tabla rasa y empezar de cero.Sigue leyendo

Treme no es mi serie preferida de David Simon. Sin embargo, disfruté a lo largo de cuatro temporadas acercándome a la ciudad más poblada de Luisiana. Devastada por el huracán Katrina, la población de Nueva Orleans consideraba la cultura como un elemento capital a reconstruir. Una forma de vivir la vida marcada por la música y por el Mardi Gras del carnaval. A este universo llega Blacksad en el cuarto caso de la serie creada por Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. Y el título habla por sí solo de la influencia de la música.Sigue leyendo

Nueve dragones

A lo largo de su carrera, Harry Bosch ha conocido a tanta gente que era esperable que reconociera víctimas. La sensación no es siempre la misma. Cuando le pasó hace unos años, recurrió a la teoría de la noria: “todo termina por volver a su sitio”. Básicamente, insinuaba que se lo merecía por haber matado a alguien y no haber sido condenado. Ahora, en Nueve Dragones, es otro tipo de encuentro. Ni siquiera había tenido más de una conversación con él, pero le dolió ver en el suelo de su tienda al señor John Li. Él le regaló un paquete de cerillas que guardado desde hace más de una década. Harry se veía identificado en la frase de la cajita: “dichoso aquel que halla solaz en sí mismo”.

Cuando tropezó con ese lema, Bosch llevaba tiempo viéndose como un coyote solitario del Departamento de Policía de Los Ángeles. Ya había asumido que estaba solo para cumplir la misión. Este aislamiento le dejaba muy expuesto ante una crisis, y de hecho le afectó. Sin embargo, Harry Bosch encontró la luz perdida, un horizonte mejor entre tanta oscuridad: Maddie, su hija. La conoció cuando ya tenía cuatro años, pero cambió su vida. Él vivía en Los Ángeles y ella en Las Vegas primero y en Hong Kong después, y Harry se esforzó en crear y mantener un lazo familiar. Ahora, con Maddie convertida en una adolescente, Bosch recibe un video que muestra el secuestro de su hija a más de quince mil kilómetros.Sigue leyendo

Babylon Berlin

El músculo institucional y económico alemán es indudable, hablemos de hoy o de hace cien años. Sin embargo, su protagonismo histórico apenas se ha dejado notar en la seriefilia. Los ojos se nos van sistemáticamente hacia los países anglófonos. Personalmente solo había visto Deutchsland 83, thriller de tono bélico sobre el espionaje entre las dos repúblicas germanas. La segunda en pasar por delante de mí es esta Babylon Berlin, que rastrea en la compleja Alemania de entreguerras. Una serie que mezcla el noir con el retrato social de la época y la radiografía política del momento, con la República de Weimar tambaleándose. Pero sobre todo es una serie muy cautivadora y enigmática.

Babylon Berlin se va haciendo más compleja a medida que avanza. El punto de partida es algo bastante sencillo, el policía de Colonia Gereon Rath (Volker Bruch) llega a Berlin para encontrar a los responsables de unas fotografías sexuales con las que chantajean a un político. Cuando llega a la capital, a Rath, un hombre honrado pese a sus dramas personales, le emparejan con Bruno Wolter (Peter Kurth), zorro viejo de las calles berlinesas. Sin embargo, el colonés trata de ir por libre cada vez que puede y encuentra sus propios apoyos. La más brillante resulta ser Charlotte Ritter (Liv Lisa Fries). Esta joven trabaja en un club nocturno pero aspira a un trabajo legítimo como, por ejemplo, ser policía.Sigue leyendo

corrupción policial

Corrupción policial es una de mis mejores sorpresas literarias de este año. Lamento no haberme apuntado a Don Winslow antes, pero me felicito por haberle conocido con esta novela tan explosiva. A principios de año, Stephen King pidió que pensáramos en ella como El padrino pero con policías. Sin embargo, a mí me ha sugerido más un cóctel de Uno de los nuestrosThe Shield Serpico. Obras muy distintas pero unidas por un hermético sentimiento de grupo. Y un ambiente muy hostil a la delación. Policías y personas con una personalidad muy marcada. Aunque después de todo, como dice el fragmento de Adiós, muñeca que encabeza la novela, “los policías solo son personas”. “Empiezan así, según me han dicho”.

Decía Dennis Lehane que “la novela negra era el Shakespeare de la clase trabajadora. La diferencia es desde dónde caen los personajes. Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe se cae desde el bordillo”. Pero en esta novela negrísima, el ídolo también cae desde lo más alto, desde el trono. Dennis Malone es el Rey de Manhattan Norte. El último hombre que los neyorquinos esperarían ver confinado es este sargento. A través de un prólogo metralleta, Winslow te convence de que Malone es el preso más improbable de la ciudad y tampoco tú te crees que pueda estar entre rejas. Un líder natural de la unidad de élite más importante del Departamento de Policía de Nueva York, la Unidad especial de Manhattan Norte. La Unidad, a secas, The Force, como se titula la obra en inglés.Sigue leyendo

Sigue sorprendiéndome en cada historia Blacksad. Juanjo Guarnido y Juan Díaz Canales atesoran en unas cincuenta páginas un homenaje al género negro más clásico. En apenas cincuenta páginas por caso, hemos visto ya tres tipos distintos de investigación. La primera fue la más sencilla, y revestía menos implicaciones más allá de la víctima. En la segunda se trataron las tensiones raciales. Y, en este tercer libro, Blacksad vive en los años de la Guerra Fría y la Caza de brujas. En Alma roja, los autores de esta serie de animalitos vuelven a enfrentarse a las vergüenzas de la tierra de la libertad y las oportunidades.

Alma roja es el cómic más político de los publicados hasta ahora en la serie Blacksad. Guarnido y Díaz Canales reviven la caza de brujas macartista de mediados de siglo XX. Un período marcado por el mandato como senador del republicano Joseph McCarthy, quien asimiló las simpatías con el comunismo con la traición a la nación y la colaboración con Moscú. Periodistas, intelectuales y científicos eran acusados de actuar como espías soviéticos o pasar información para producir una bomba atómica. De este eje del mal se queda fuera de Blacksad el ataque a periodistas, para lo que recomiendo Buenas noches y buena suerte. Edward Murrow fue acusado por McCarthy pero consiguió plantar cara y colaborar en su desprestigio. Murrow fue autor de una frase clave para denunciar la situación: “No debemos confundir disensión con deslealtad”.Sigue leyendo

mindhunter

Mindhunter es una precuela conceptual del género policíaco. Tarde o temprano, los detectives de homicidios terminan recurriendo alguna vez al FBI. No es una situación cómoda, porque los investigadores municipales siempre creen que los federales les quieren quitar su caso y éstos no hacen muchos esfuerzos por desmentirlo. Pero en un momento dado se les romperá la linterna y tendrán que pedir luz para salir del callejón oscuro. Y entonces, un agente del FBI revisa las anotaciones del detective, cruza datos y proporciona unas indicaciones. Y finalmente el asesino (quizá múltiple) cae en manos de la ley. ¿Por qué tan fácil? A mediados de los años setenta, en el Buró de Investigación Federal germinó un cambio en la forma de afrontar la investigación criminológica. Un par de agentes se preguntaron ¿Cómo nos adelantamos a la mentalidad de un loco si no sabemos cómo piensa?

La última serie de David Fincher para Netflix se inspira en esta aventura emprendida por Robert Ressler y John E. Douglas. Son dos figuras bastante más familiares en el imaginario popular que lo que sugieren sus nombres. El primero acuñó el término “asesino en serie” y al segundo le hemos visto retratado como Jack Crawford en la saga de Hannibal Lecter. En Mindhunter, Ressler está encarnado por Holt McCallany en el personaje Bill Tench, y Douglas por Jonathan Groff en Holden Ford. Sus diferentes edades y personalidades dan la sensación de buddy movie, pero Mindhunter no es Arma Letal. Mindhunter es una serie de personas que hablan en habitaciones. Y tratan de mantener esas conversaciones con criminales para saber qué se les pasa por la cabeza.Sigue leyendo