la rata en llamas

Abrir un libro de este autor es abrir la puerta a una legión de espabilados que quizá no contribuyan mucho a la sociedad, pero conversan que da gusto. George V. Higgins conoció a muchos como ellos mientras trabajó como abogado, ayudante del fiscal o periodista. Son personas a quienes ha escuchado hablar y explicarse. Dan vida a historias que permitieron a Higgins ser considerado como el Balzac de los bajos fondos de Boston. A España nos han llegado tres de ellas, la última es La rata en llamas.

La rata en llamas tiene un mayor equilibrio de personajes de la calle y de las instituciones que otras obras de Higgins. Aunque también hay puntos de encuentro, y uno de ellos es Jerry Fein. Este abogado de poca monta trata de recuperar el edificio cuyos inquilinos que no pagan el alquiler. Y su idea es prenderle fuego. Como contratista cuenta con Leo Proctor, un sospechoso habitual de los bajos fondos y experto en mantenimiento. Pero para ello necesitan colaboración policial de los inspectores de Incendios. Sin embargo, al mismo tiempo, a un ayudante del fiscal se le ha ocurrido que es hora de perseguir los incendios en Boston. La trama se amplía incluyendo personajes como el senador cuyo distrito contiene la construcción o a una familia de inquilinos.Sigue leyendo

El delator

Gypo Nolan es un ex revolucionario, ex policía y uno de tantos sintecho de Dublín a comienzos de siglo XX. Y Gypo Nolan sucumbe a uno de los comportamientos peor considerados en una dinámica de grupo: ser el delator. Su caída en desgracia es la traición de Judas adaptada al movimiento obrero y el lumpen dublinés. Al fin y al cabo, en libro de González Ledesma se leía que desde Abel y Caín la gente ha sido siempre la misma.

El delator es una crónica de la noche que vivió Nolan después de contar a las fuerzas de seguridad dónde podían encontrar a Francis J. McPhillip, información por la que se ofrecía una recompensa de 20 libras. Los Gemelos del diablo fueron expulsados de la Organización Revolucionaria seis meses atrás al fracasar en una misión. Francis asesinó a un líder sindical a pesar de tener el encargo de proteger a los huelguistas del Sindicato Agrario. Cuando, debilitado, McPhillip regresa a Dublín, Gypo establece una relación entre su falta de dinero para alquilar una cama donde pasar la noche y el reencuentro con su gemelo buscado por la policía.Sigue leyendo

Mátalos suavemente, George V Higgins

El  halcón maltés (Dashiell Hammett) y La jungla de asfalto (W. R. Burnett) son ejemplos de cómo un puñado de buscavidas son una base magnífica para una excelente novela negra. Pasaron veinte años entre una y otra, y transcurrieron otros tantos hasta que irrumpió George V Higgins. El ex abogado y periodista sorprendió con su elogiadísimo debut, Los amigos de Eddie Coyle (1970). Y cuatro años más tarde llegó Mátalos suavemente (1974), donde vemos un sistema autogestionario de la delincuencia.

Higgins dijo que no creía que sus novelas fuesen sobre crímenes, “escribo sobre la gente, y una parte de ella tiende a violar la ley”. También se puede aplicar sin matices la teoría de Dennis Lehane: la diferencia entre el noir y Shakespeare es desde dónde caen los héroes. “Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe cae desde el bordillo. No es una gran caída, pero es igual de dolorosa”. Es lo que suele pasar cuando unos pringados del sector intentan dar un golpe en una timba protegida por la mafia local. Y más cuando el cabecilla es un apostador pésimo que se las da de astuto cazador de oportunidades.
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Los amigos de Eddie Coyle

El pasado octubre me llegó el primer Fiat Lux. Y en el mismo paquete venía una joya literaria gracias a la propia Fiat Lux y a Libros del Asteroide. Esta editorial nació hace ocho años en Barcelona con un claro objetivo: “ofrecer obras fundamentales de la literatura universal de los últimos 75 años que no hayan sido publicadas antes en español o estén descatalogadas”. En esa situación se encontraba Los amigos de Eddie Coyle de George V Higgins, “la novela negra que cambió las reglas del juego de los últimos cincuenta años” según Dennis Lehane en el prólogo, que además añade que “posiblemente sea una de las cuatro o cinco novelas negras jamás escritas”.Sigue leyendo