la rata en llamas

Abrir un libro de este autor es abrir la puerta a una legión de espabilados que quizá no contribuyan mucho a la sociedad, pero conversan que da gusto. George V. Higgins conoció a muchos como ellos mientras trabajó como abogado, ayudante del fiscal o periodista. Son personas a quienes ha escuchado hablar y explicarse. Dan vida a historias que permitieron a Higgins ser considerado como el Balzac de los bajos fondos de Boston. A España nos han llegado tres de ellas, la última es La rata en llamas.

La rata en llamas tiene un mayor equilibrio de personajes de la calle y de las instituciones que otras obras de Higgins. Aunque también hay puntos de encuentro, y uno de ellos es Jerry Fein. Este abogado de poca monta trata de recuperar el edificio cuyos inquilinos que no pagan el alquiler. Y su idea es prenderle fuego. Como contratista cuenta con Leo Proctor, un sospechoso habitual de los bajos fondos y experto en mantenimiento. Pero para ello necesitan colaboración policial de los inspectores de Incendios. Sin embargo, al mismo tiempo, a un ayudante del fiscal se le ha ocurrido que es hora de perseguir los incendios en Boston. La trama se amplía incluyendo personajes como el senador cuyo distrito contiene la construcción o a una familia de inquilinos.Sigue leyendo

La última causa perdida

Dennis Lehane ya era una estrella del género cuando volvió a tocar a la puerta de Kenzie y Gennaro. Once años después de Plegarias en la noche, el autor se encontró con la versión más crepuscular de los investigadores. Un momento que permitía a Lehane experimentar con la figura del justiciero cansado, del héroe desilusionado, ante su última causa perdida.
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Plegarias en la noche

Dennis Lehane puso aquí punto y aparte a su relación con Kenzie y Gennaro. Aunque se reencontraría con ellos once años después, el autor explicó su decisión argumentando que “llega un momento en el que hay que marcar la frontera. The Wire llegó a la quinta y llegó bien, pero fue peor que la cuarta. Llega un punto en el que hay que forzar demasiado a los personajes. Eso me pasó con Angie y Patrick”. Siguiendo su paralelismo, Desapareció una noche también es mejor que Plegarias en la noche. Pero es que Gone, baby, gone es la mejor. En cualquier caso, el final llegó cuando entendió que era lo mejor para no quemar sus personajes.

Esta sentido de la continuidad puede suponer un obstáculo para nuevos lectores, aunque Lehane contextualiza continuamente. A cambio, ofrece un arco dramático de largo recorrido para lectores fieles. De esta forma, en Plegarias en la noche vemos las consecuencias del trágico final de Desapareció una noche. La nota más evidente es la marcha de Angie. Con este panorama, además de un nuevo caso, Lehane trata recomponer la relación entre los ex novios y ex compañeros.
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Desapareció una noche

A veces me cuesta leer una novela tan aclamada que además ha sido adaptada al cine, porque no sé hasta qué punto he sido influido. Además, la firma Dennis Lehane me parece una gran garantía. Esto me rondaba la cabeza antes de abrir Desapareció una noche, o Gone baby gone en su versión original. Una vez acabada, solo sé que es la mejor historia que he leído de Patrick Kenzie y Angela Gennaro. Adiós, pequeña, adiós es una novela oscura y dolorosa para las personas que aparecen en ella.Los detectives viven su mejor momento después de tantas turbulencias.

La agencia pasa por su etapa más rentable gracias a casos financieros y divorcios y ellos llevan un año juntos. Sin embargo, Dorchester sufre y acude a Patrick y Angela para encontrar a Amanda, una niña desaparecida hace tres días. Suena algo rutinario en la novela policíaca, pero es un impresionante thriller acerca de la pérdida, el dolor y la responsabilidad que arranca poniendo un nudo en la garganta con un puñado de datos sobre niños desaparecidos.
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Lo que es sagrado

El abrazo de la oscuridad fue devastador para Kenzie y Gennaro por el dolor y las pérdidas. Los investigadores entraron en una etapa de convalecencia moral y sentimental que va por el cuarto mes cuando arranca esta Lo que es sagrado. Ambos han dejado de abrir la oficina cada día, y ella ni siquiera se acerca a su casa, donde los asesinos del último caso atentaron contra su vida. El problema es que en Boston parece que demasiada gente necesita detectives, y le trae sin cuidado que esos detectives no estén disponibles. Nada que no pueda arreglar un secuestro.

Lo que es sagrado recurre a un tipo de historia que recuerda al género negro clásico. Por los perfiles de personajes y por la forma de llevar la historia, con sus giros y suspense. El hombre que secuestra a los dos detectives es Trevor Stone, un hombre muy rico que quiere encontrar a su hija, y ya de paso al investigador contratado en primer lugar (que además fue mentor de Patrick) y al que también perdió de vista. A partir de aquí aparecen los matones de Trevor con título de asistente, los delincuentes de medio pelo que sueñan con grandes golpes y la femme fatale que suele liar a hombres de poca consistencia, todo envuelto en versiones que se refutan unas a otras y lejos del Boston natal de Angela y Patrick.
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Mátalos suavemente, George V Higgins

El  halcón maltés (Dashiell Hammett) y La jungla de asfalto (W. R. Burnett) son ejemplos de cómo un puñado de buscavidas son una base magnífica para una excelente novela negra. Pasaron veinte años entre una y otra, y transcurrieron otros tantos hasta que irrumpió George V Higgins. El ex abogado y periodista sorprendió con su elogiadísimo debut, Los amigos de Eddie Coyle (1970). Y cuatro años más tarde llegó Mátalos suavemente (1974), donde vemos un sistema autogestionario de la delincuencia.

Higgins dijo que no creía que sus novelas fuesen sobre crímenes, “escribo sobre la gente, y una parte de ella tiende a violar la ley”. También se puede aplicar sin matices la teoría de Dennis Lehane: la diferencia entre el noir y Shakespeare es desde dónde caen los héroes. “Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe cae desde el bordillo. No es una gran caída, pero es igual de dolorosa”. Es lo que suele pasar cuando unos pringados del sector intentan dar un golpe en una timba protegida por la mafia local. Y más cuando el cabecilla es un apostador pésimo que se las da de astuto cazador de oportunidades.
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Patrick Kenzie

Apenas dos novelas nos han enseñado que los detectives Patrick Kenzie y Gennaro aguantan la mirada a cualquiera sin pestañear. Lo vimos en Un trago antes de la guerra, cuando se implicaron en un conflicto entre bandas en Dorchester para proteger su barrio y tomar plena conciencia del caso que aceptaron. Y ahora lo vuelven a demostrar en Abrázame, oscuridad, donde es la violencia quien les busca a ellos para amenazar su universo y sus biografías. Y obviamente ellos acaban mal, pero tendrías que ver al otro.
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La entrega, de Dennis Lehane

Dennis Lehane se adentró con Vivir de noche en el mundo de los grandes criminales, más parecidos a los grandes empresarios que a los perdedores del progreso que suelen protagonizar sus novelas. Sin embargo, como suele explicar en entrevistas, se siente más cómodo escribiendo sobre gente obrera con vidas anónimas. Supongo que por recuperar el gusto antes de cerrar la trilogía Coughlin, desempolvó la historia de Bob y su primo Marv. La entrega es el concepto de novela negra de Lehane en estado puro.

Me fascina increíblemente la lucha entre los que tienen y los que no. Siempre ha sido una partida interesante de observar. Y en particular me interesa la perspectiva de los no pudientes porque ésa es la gente con quien me crié. […] Eso es sobre lo que escribo y lo que me fascina. El motivo por el que creo que escribo estas historias de género negro es porque el noir es la tragedia de la clase trabajadora. La diferencia entre el género negro y Shakespeare es la altura desde donde caen los personajes. Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe se cae desde el bordillo. No es una gran caída, pero es igual de dolorosa.

Lehane, en Fuera de series

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Kenzie y Gennaro

Ha pasado un año desde que Lehane publicó su última novela, que cerrará la trilogía sobre la familia Coughlin, y seguimos sin noticias en España. Así las cosas, he aprovechado para viajar a los origenes del autor con la serie Kenzie y Gennaro. Un trago antes de la guerra es el estreno de esta pareja de detectives de Dorchester.

La pareja de detectives es lo mejor de la novela. A diferencia de Bosch o Archer, Kenzie y Gennaro trabajan juntos y no han desarrollado tanto el carácter solitario. Aunque hay que decir que se entienden entre ellos mejor que con nadie. Tienen una gran complicidad edificada desde su infancia, ambos han sufrido el dolor infringido por personas a las que querían y se protegen el uno al otro. Si hay algún problema, les hace de cobertura un antiguo compañero llamado Bubba: un ejército de una sola persona que odia a todo el mundo excepto a Patrick y Angela. Además, Un trago antes de la guerra es notable también por su ritmo.
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Cualquier otro día

En portada ves unos policías con cajas y barriles. La contraportada habla sobre una enfermedad que traen soldados de la Primera Guerra Mundial; sobre un joven policía, que acaba al frente de un movimiento sindical; y sobre un negro que deja un rastro de sangre. Sin embargo, Cualquier otro día arranca hablando de béisbol, con las Series Mundiales de 1918 y una pachanga improvisada por los Red Sox. Es un inicio marca Dennis Lehane, a quien no le gustan los inicios vertiginosos, “creo que el arte de narrar es otra cosa”. Su novela más extensa hasta el momento es una historia monumental que cuida cada momento.

Los Red Sox vuelven hacia Boston. En un corrillo se habla de una huelga: los jugadores van a perder el 5% de la recaudación de taquilla. Una pieza del tren se rompe y tardarán al menos dos horas en arreglarla. Los jugadores salen a pasear y se encuentran con un grupo de negros jugando al béisbol, y organizan un partidito. En este prólogo incluye Lehane los motores que veremos en Cualquier otro día. En la huelga tenemos las tensiones sindicales, salvando las distancias entre los jugadores privilegiados y los policías sin derechos. Además, entre los jugadores también afloran fricciones raciales.

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