Deuda de sangre

La  introducción de Jack McEvoy fue un gran aporte al universo Harry Bosch. Michael Connelly consiguió sorprender notablemente cambiando a su detective habitual por un periodista de sucesos, al que otorgó referencias autobiográficas. Dos años después, el autor alumbró a Terry McCaleb, un agente del FBI con talento para los perfiles psicológicos de asesinos en serie y retirado por problemas de salud. El protagonista de Deuda de sangre comparte honestidad y empeño con Bosch, son también dos caras de una misma moneda. Bosch se motiva con la víctima, “o cuentan todos o no cuenta nadie”. McCaleb con el criminal, “odiaba que alguien culpable saliera impune. Todavía lo odio”.

Este nuevo afluente del universo no supone una gran diferencia respecto a la serie Bosch. Ya sea por la forma de trabajar tan parecida o por desarrollarse también en Los Ángeles. Pero a falta del dónde y el cómo, Connelly se renueva con un quién y un porqué. McCaleb utiliza palabras parecidas a las de McEvoy para presentarse, “buscaba el mal, era mi trabajo. Y yo era bueno en eso“, pero “a la larga el mal me superó, se llevó lo mejor de mí. Creo (no lo creo, lo sé) que eso acabó con mi corazón”.¡Dame más!

El delator

Gypo Nolan es un ex revolucionario, ex policía y uno de tantos sintecho de Dublín a comienzos de siglo XX. Y Gypo Nolan sucumbe a uno de los comportamientos peor considerados en una dinámica de grupo: ser el delator. Su caída en desgracia es la traición de Judas adaptada al movimiento obrero y el lumpen dublinés. Al fin y al cabo, en libro de González Ledesma se leía que desde Abel y Caín la gente ha sido siempre la misma.

El delator es una crónica de la noche que vivió Nolan después de contar a las fuerzas de seguridad dónde podían encontrar a Francis J. McPhillip, información por la que se ofrecía una recompensa de 20 libras. Los Gemelos del diablo fueron expulsados de la Organización Revolucionaria seis meses atrás al fracasar en una misión. Francis asesinó a un líder sindical a pesar de tener el encargo de proteger a los huelguistas del Sindicato Agrario. Cuando, debilitado, McPhillip regresa a Dublín, Gypo establece una relación entre su falta de dinero para alquilar una cama donde pasar la noche y el reencuentro con su gemelo buscado por la policía.¡Dame más!

Desapareció una noche

A veces me cuesta leer una novela tan aclamada que además ha sido adaptada al cine, porque no sé hasta qué punto he sido influido. Además, la firma Dennis Lehane me parece una gran garantía. Esto me rondaba la cabeza antes de abrir Desapareció una noche, o Gone baby gone en su versión original. Una vez acabada, solo sé que es la mejor historia que he leído de Patrick Kenzie y Angela Gennaro. Adiós, pequeña, adiós es una novela oscura y dolorosa para las personas que aparecen en ella.Los detectives viven su mejor momento después de tantas turbulencias.

La agencia pasa por su etapa más rentable gracias a casos financieros y divorcios y ellos llevan un año juntos. Sin embargo, Dorchester sufre y acude a Patrick y Angela para encontrar a Amanda, una niña desaparecida hace tres días. Suena algo rutinario en la novela policíaca, pero es un impresionante thriller acerca de la pérdida, el dolor y la responsabilidad que arranca poniendo un nudo en la garganta con un puñado de datos sobre niños desaparecidos.
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Galveston

El  valor de la firma de un autor como garantía de calidad suele estar reservado para escritores consagrados. La simple aparición de Lehane o Zanón en una portada invita a comprar un libro. En 2014, Salamandra decidió abrir su sello noir con una novela de 2010 cuyo principal reclamo también era el autor, Nic Pizzolatto, pese a que Galveston es su primera y única novela. La explicación es la gran fama que le reportó el exitoso estreno de la primera temporada de True Detective, una serie que jugaba con los elementos clásicos de las historias negras y que recuperaba el título de una revista fundacional del género negro.

Las dos temporadas de True Detective estrenadas han seguido esquemas diferentes pero están unidas por la sensación de corrupción generalizada. Tenía curiosidad de por dónde iría Galveston, y lo que me he encontrado es la lectura de un noir muy triste. Son personajes marcados por el dolor y la pérdida, desarraigados, solitarios rodeados de otros solitarios; y paisajes y lugares deprimentes del sur de Estados Unidos. No hay delincuentes escapando de detectives, es un testimonio de personas intentando escapar de sus lastres biográficos.
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Mátalos suavemente, George V Higgins

El  halcón maltés (Dashiell Hammett) y La jungla de asfalto (W. R. Burnett) son ejemplos de cómo un puñado de buscavidas son una base magnífica para una excelente novela negra. Pasaron veinte años entre una y otra, y transcurrieron otros tantos hasta que irrumpió George V Higgins. El ex abogado y periodista sorprendió con su elogiadísimo debut, Los amigos de Eddie Coyle (1970). Y cuatro años más tarde llegó Mátalos suavemente (1974), donde vemos un sistema autogestionario de la delincuencia.

Higgins dijo que no creía que sus novelas fuesen sobre crímenes, “escribo sobre la gente, y una parte de ella tiende a violar la ley”. También se puede aplicar sin matices la teoría de Dennis Lehane: la diferencia entre el noir y Shakespeare es desde dónde caen los héroes. “Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe cae desde el bordillo. No es una gran caída, pero es igual de dolorosa”. Es lo que suele pasar cuando unos pringados del sector intentan dar un golpe en una timba protegida por la mafia local. Y más cuando el cabecilla es un apostador pésimo que se las da de astuto cazador de oportunidades.
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La entrega, de Dennis Lehane

Dennis Lehane se adentró con Vivir de noche en el mundo de los grandes criminales, más parecidos a los grandes empresarios que a los perdedores del progreso que suelen protagonizar sus novelas. Sin embargo, como suele explicar en entrevistas, se siente más cómodo escribiendo sobre gente obrera con vidas anónimas. Supongo que por recuperar el gusto antes de cerrar la trilogía Coughlin, desempolvó la historia de Bob y su primo Marv. La entrega es el concepto de novela negra de Lehane en estado puro.

Me fascina increíblemente la lucha entre los que tienen y los que no. Siempre ha sido una partida interesante de observar. Y en particular me interesa la perspectiva de los no pudientes porque ésa es la gente con quien me crié. […] Eso es sobre lo que escribo y lo que me fascina. El motivo por el que creo que escribo estas historias de género negro es porque el noir es la tragedia de la clase trabajadora. La diferencia entre el género negro y Shakespeare es la altura desde donde caen los personajes. Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe se cae desde el bordillo. No es una gran caída, pero es igual de dolorosa.

Lehane, en Fuera de series

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El gran reloj de Kenneth Fearing

Esta novela es una de las excepciones noirs de Kenneth Fearing, desconocido por mí pero reconocido en Estados Unidos por, principalmente, su legado poético. El autor pisó varias habitaciones de la literatura: periodista en los años veinte; poeta desde el año del Crack y consagrado durante la Gran Depresión; novelista desde 1939, cuando arrancó la II Guerra Mundial. No se dedicó al género negro, solo tres novelas, pero El gran reloj de Kenneth Fearing supuso los elogios de uno de los reyes del sector, como Raymond Chandler: “todavía estoy un tanto asombrado de cómo es que no ha aparecido nadie que me haya dejado en evidencia. Excepto algún tour de force ocasional como El gran reloj, no ha salido nadie”.

David G. Panadero, uno de los que más saben de este género, cuenta en Prótesis que en los años posteriores a la II Guerra Mundial “los escritores policíacos dejaban a un lado su afán contestatario para pasar a indagar en el comportamiento humano” y, a partir de la generalización del psicoanálisis, para muchos autores resulta más interesante profundizar en el ciudadano medio que en los criminales habituales: “cualquier hombre corriente podría ser víctima o autor del delito”. Panadero explica que estas novelas fueron denominadas “suspense”: más importante que el crimen son las sensaciones de los personajes sobre lo que creen que va a pasar.
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El halcón maltés

Dashiell Hammett edificó su leyenda en el género negro escribiendo principalmente relatos, durante los años veinte, y dejando cinco novelas entre 1929 y 1934, los años de la Gran Depresión. Entre estas destaca El halcón maltés, la tercera que publicó y la primera en la que apareció el detective Sam Spade, quien tuvo continuación en años posteriores en relatos cortos. Todo un clásico para iniciarme en este autor, cuya adscripción a los ideales de izquierda le costó caro. En las líneas se puede entrever un profundo desapego hacia el sistema estadounidense de Sam Spade. En esta novela vemos los elementos históricos del noir. Un crimen, un detective, la femme fatale, varios delincuentes y una historia intrincada que los une.¡Dame más!

El asesino dentro de mí

Existen varios subgéneros, pero creo que El asesino dentro de mí pertenece a esa clase de novela negra que más me gusta. Se desarrolla en una comunidad lo suficientemente grande para tener un buen mosaico de paisajes y lo suficientemente reducida para que las acciones repercutan en el conjunto. Y da igual si el protagonista es bueno o malo, pero sabe dialogar. Es, según leo, una de las novelas que más fama le dio a Jim Thompson y la que le permitió trabajar como guionista con Stanley Kubrick en la genial Atraco Perfecto y en Senderos de gloria (sin adjetivo porque no la he visto).

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A quemarropa, de Richard Stark

El País y SerieNegra lanzaron en verano una promoción de clásicos de novela negra a precio reducidos, 1,95€, una mina para acercarse al género. Uno de ellos es A quemarropa, primera novela del atracador profesional Parker, firmada por Richard Stark. Este nombre el seudónimo de Donald E. Westlake, ganador de tres Premios Edgar, y nombrado Gran Maestro del Misterio por la Asociación de Escritores de Misterio. En esta novela presenta a un hombre violento y sin el menor atisbo de intentar caer simpático ni asustarse ante el poderío de una organización criminal.¡Dame más!