Suburra, las ruinas de Roma

Suburra

Suburra, las ruinas de Roma

La Suburra era el Bronx de la Antigua Roma. Era un área ruidosa y sucia en la que se ubicaban muchos comercios y fábricas, cobijaba en sus calles a un buen puñado de criminales, prostitutas y pobres. Sobre su tierra, hoy se levanta el barrio Monti, pero para alguno “este lugar no ha cambiado en 2000 años. Patricios y plebeyos, políticos y criminales, prostitutas y curas… Roma”. Esa mezcla de actores sociales reúne el concepto de lo que hoy significa la palabra Suburra: inmoralidad y criminalidad.

Suburra también es uno de los libros del magistrado Giancarlo de Cataldo publicado en 2013. Su libro más famoso es Romanzo criminale (2002), una novela que ficcionaba la historia de la banda de la Magliana. Michele Placido la llevó al cine en 2005, y tres años después apareció como excelente serie televisiva con Stefano Sollima. Estos tres nombres se volvieron reunir para esta nueva producción. En este caso, Sollima se encargó de la adaptación cinematográfica, y Michele Placido se puso al frente de la versión por capítulos encargada por Netflix. Detrás del desarrollo también está Cattleya, productora responsable de la también soberbia Gomorra, que Sollima adaptó del libro de Roberto Saviano. No es de extrañar que tras tanta insistencia en los mismos nombres en este mismo género, en esta serie haya ecos de las anteriores.

Bajos fondos, política y clero comparten mesa para beneficiarse de la corrupción en Suburra

La serie gira sobre la corrupción en Roma, una mesa a la que se sientan a comer los bajos fondos, la política y la Curia vaticana. La corrupción se presenta como una hydra de tres cabezas que tienen personalidad múltiple. En un momento dado, uno de los personajes dice que “todos queremos lo mismo, lo que tienen ellos”. Porque no hay una organización planificada del crimen organizado. Hay una pelea de perros por un trozo bastante grande del pastel: unos terrenos de la Iglesia muy provechoso. Es una guerra bastante sangrienta, pero casi relámpago. Dura apenas veinte días y es a contrarreloj: desde que el alcalde anuncia su dimisión hasta que se hace efectiva.

suburra samurai

Ese período tan corto viene acompañado de un ritmo muy acelerado. Se echa en falta la construcción más calmada de los personajes y sus relaciones. Y los que más tienden a perder son los femeninos, generalmente expuestos a lo que les suceda a los masculinos. Hay excepciones como Sara Monaschi, conspiradora de buen nivel en esta campaña. Sin embargo, el gran personaje me parece el Samurai, el hombre con un plan, el gánster con afán de legitimarse. Suya es la frase sobre la Suburra que no ha cambiado en dos milenios. Vestido como cualquier hombre normal, con buena conversación y con tres granos en el culo. Estos tres bultos sospechosos son Aureliano Adami, Spadino Anacleti y Gabriele Lele. Dos versos sueltos de familia criminal y el hijo descarriado de un policía honrado que forman una improbable asociación para ganarse un pico a espalda de sus familias.

Suburra llega a Netflix de la mano de Cattleya, productora de otras grandes obras como Romanzo Criminale y Gomorra

Con Cattleya detrás de Romanzo Criminale, Gomorra y Suburra hay una especie de parentesco entre ellas. Samurai puede recordar a la figura superior del Terrible o Pietro Savastano, con una apariencia más civilizada. En asociación de los díscolos podemos recordar el origen de la Banda de la Magliana, pero su comportamiento tan salvaje también recuerda a la generación más joven de Gomorra. Aunque el campo de batalla de Suburra está más cercano a los negocios legales que sus dos predecesoras. Además, en el aspecto sonoro también he notado ecos. No tanto en la playlist de canciones como en las piezas instrumentales para ambientar escenas. No tengo mucho que aportar en temas musicales pero esa es la sensación que he tenido durante el visionado. Aquí dejo la playlist.

Suburra me ha parecido una serie muy notable. Quizá a estas alturas no sorprenda tanto como sus predecesoras pero el cambio del tablero permite un punto de vista diferente. El entretenimiento me parece asegurado, pese a no no profundizar tanto. Y quedamos a las puertas de una segunda temporada con una presumible mayor presencia de la mafia del sur del país italiano.

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