El asesino del acantilado, de Antonio Manzanera

El asesino del acantilado, de Antonio Manzanera

El asesino del acantilado, de Antonio Manzanera

Algunos libros te enganchan por el diseño de la portada, otros por el título y otros por la sinopsis. En este caso fue el planteamiento quien me rescató después de que el engañoso título casi me echara para atrás. Cuando leí El asesino del acantilado me imaginé otra carrera para detener a un serial killer, pero el resumen sugería una de mis corrientes negras favoritas. Unos tipos buscando unos millones perdidos para salir de pobres. Antonio Manzanera, a quien no tenía en el radar, me ha dejado un gran sabor de boca con este homenaje al género negro. Para mayor culto, la historia se desarrolla en California, territorio de leyendas como Marlowe, Archer o Bosch.

Precisamente el primer protagonista del relato es un detective privado, Cheney Moore. Este investigador recibe a un tipo que se presenta como taxista de presos excarcelados. Y Charlie Wilson le explica a Moore que su último pasajero apareció muerto, y que quiere buscar los millones del atraco que le llevó a la cárcel. Moore trata de desentenderse del “encargo más estúpido” que ha recibido, aunque termina cediendo. Aquí arranca una trama clásica de detectives que tocan puertas dudosas y abren otras inesperadas.

El asesino del acantilado es un homenaje al noir

Manzanera apuesta por tres actos que retroceden en el tiempo, aunque no tan radical como Memento. Tampoco es un movimiento efectista, el autor sugiere que cada crimen es consecuencia de otro. La violencia engendra violencia, y da igual el tiempo que pase porque los fantasmas esperan a cobrarse las deudas. Además, la narración también cambia de estilo. El primer capítulo tiene lugar en febrero de 1984 con ese registro de novela de detectives. El segundo se desarrolla en febrero de 1980 en un ambiente carcelero. Y el último recrea las historias de gánsters en febrero de 1977. A través del tiempo se deconstruye el misterio en torno al dinero y el asesino del acantilado. Son intrigas soterradas bajo historias de ambición y culpa.

Todo está contado con un estilo de escritura muy sencillo, sin preciosismos para llenar el ojo. El autor pone toda su atención en desarrollar la trama. Echo en falta imaginación en algunos diálogos, que quedan acartonados. A cambio, el ritmo es muy bueno y no te deja mucho tiempo a lamentarte.

Manzanera cuenta historias de detectives, carceleras y de gánsters

Uno de los conceptos más referidos sobre Manzanera era su gran labor de documentación, que aquí brilla sobre todo en la prisión de Oldstock. Esta penitenciaría es ficticia, como la ciudad donde se ubica, Santa Teresa, tomada de El blanco móvil de su admirado Ross Macdonald (creador de Lew Archer). Pero el autor presenta la penitenciaría con un impresionante raudal de detalles y dinámicas entre presos y carceleros.

No se me ocurre otra forma de acabar que decir que me he quedado con ganas de leer su anterior novela negra, La suave superficie de la culata, ambientada en el mundo mafioso y relacionada con el asesinato de Kennedy, que dejó un país lleno de “Hamlets, hijos de un padre asesinado por los que aún se sientan en en el trono”.

Ficha técnica

Título: El asesino del acantilado
Autor: Antonio Manzanera
Editorial: Ediciones B
Año: 2017
Páginas: 349

 

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