la oscuridad de los sueños

Michael Connelly ha creado una liga de la justicia que le permite buscar la verdad desde diferentes puntos de vista. Estos antihéroes llevan placa policial, imponen el poder del buró federal, litigan en los tribunales o firman crónicas. Cada linaje ha tenido a uno de los suyos protagonizando una novela, pero lo más habitual es que se dejen ver en las historias de los demás. Sorprendentemente, uno de los menos recurrentes en este universo literario es el periodista Jack McEvoy. Fue el primero en interrumpir la serie principal protagonizada por Harry Bosch. Comparte profesión con Connelly: el periodismo. Tenía todos los números para ser una voz del autor en las novelas. Pero debutó en El poeta como cabeza de cartel, fue secundario dos veces y no ha vuelto a aparecer desde que repitió como protagonista en La oscuridad de los sueños.

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Nueve dragones

A lo largo de su carrera, Harry Bosch ha conocido a tanta gente que era esperable que reconociera víctimas. La sensación no es siempre la misma. Cuando le pasó hace unos años, recurrió a la teoría de la noria: “todo termina por volver a su sitio”. Básicamente, insinuaba que se lo merecía por haber matado a alguien y no haber sido condenado. Ahora, en Nueve Dragones, es otro tipo de encuentro. Ni siquiera había tenido más de una conversación con él, pero le dolió ver en el suelo de su tienda al señor John Li. Él le regaló un paquete de cerillas que guardado desde hace más de una década. Harry se veía identificado en la frase de la cajita: “dichoso aquel que halla solaz en sí mismo”.

Cuando tropezó con ese lema, Bosch llevaba tiempo viéndose como un coyote solitario del Departamento de Policía de Los Ángeles. Ya había asumido que estaba solo para cumplir la misión. Este aislamiento le dejaba muy expuesto ante una crisis, y de hecho le afectó. Sin embargo, Harry Bosch encontró la luz perdida, un horizonte mejor entre tanta oscuridad: Maddie, su hija. La conoció cuando ya tenía cuatro años, pero cambió su vida. Él vivía en Los Ángeles y ella en Las Vegas primero y en Hong Kong después, y Harry se esforzó en crear y mantener un lazo familiar. Ahora, con Maddie convertida en una adolescente, Bosch recibe un video que muestra el secuestro de su hija a más de quince mil kilómetros.Sigue leyendo

corrupción policial

Corrupción policial es una de mis mejores sorpresas literarias de este año. Lamento no haberme apuntado a Don Winslow antes, pero me felicito por haberle conocido con esta novela tan explosiva. A principios de año, Stephen King pidió que pensáramos en ella como El padrino pero con policías. Sin embargo, a mí me ha sugerido más un cóctel de Uno de los nuestrosThe Shield Serpico. Obras muy distintas pero unidas por un hermético sentimiento de grupo. Y un ambiente muy hostil a la delación. Policías y personas con una personalidad muy marcada. Aunque después de todo, como dice el fragmento de Adiós, muñeca que encabeza la novela, “los policías solo son personas”. “Empiezan así, según me han dicho”.

Decía Dennis Lehane que “la novela negra era el Shakespeare de la clase trabajadora. La diferencia es desde dónde caen los personajes. Un rey cae desde lo más alto. En el género negro el héroe se cae desde el bordillo”. Pero en esta novela negrísima, el ídolo también cae desde lo más alto, desde el trono. Dennis Malone es el Rey de Manhattan Norte. El último hombre que los neyorquinos esperarían ver confinado es este sargento. A través de un prólogo metralleta, Winslow te convence de que Malone es el preso más improbable de la ciudad y tampoco tú te crees que pueda estar entre rejas. Un líder natural de la unidad de élite más importante del Departamento de Policía de Nueva York, la Unidad especial de Manhattan Norte. La Unidad, a secas, The Force, como se titula la obra en inglés.Sigue leyendo

george pelecanos

The Wire me recuerda a Los 7 magníficos. David Simon no tenía que defender una aldea, quería contar la historia de lo que pasaba en sus calles. Para conseguirlo, Simon recurrió a los que mejor estaban contando la existencia de los que viven fuera de foco. Y los que más se han ganado esa fama en las últimas décadas son los escritores de novela negra. La mayoría de los que hemos visto, ven o verán The Wire no ha pisado ni pisará Baltimore, pero tenemos la sensación de que aquello va a misa. Da igual si escribía un bostoniano como Dennis Lehane, un neoyorkino como Richard Price o un washingtoniano como George Pelecanos. Todos tenían en común el gusto por apoyarse en la ficción local para contar realidades universales.

Todos estos autores han seguido escribiendo para televisión, paralelamente a sus carreras literarias. Algunos han seguido colaborando estrechamente con Simon, como Pelecanos. Sus nombres son los que aparecen junto al rótulo Created by de la última obra noir de la HBO, The Deuce, que luce genial en su primera temporada. Aprovechando el buen gusto que me está dejando he saldado una deuda que tenía pendiente, el Pelecanos literario. No me parece que haya sido un autor muy bien tratado en España en cuanto a frecuencia de publicación, pero he encontrado en la biblioteca de mi ciudad Mejor que bien.Sigue leyendo

La figura del abogado defensor es siempre interesante porque pone a prueba cuánto estamos dispuestos a soportar el Estado de Derecho. Cuánto estamos dispuestos a defender el ideal de que todo el mundo tiene derecho a la defensa. Incluso cuando pensamos que el acusado apesta a culpable. Es ahí donde se defiende la justicia, cuando se fuerza a la fiscalía a demostrar sin titubeos todos los cargos para conseguir el veredicto deseado. Michael Connelly desarrolló su carrera literaria con personajes que trabajaban para la acusación, persiguiendo a autores de delitos y crímenes. Por eso Mickey Haller es tan sugerente. Entre tanto personaje persiguiendo la verdad, Haller busca sembrar la duda.

El abogado de Connelly tiene varias formas de explicar su trabajo. En El inocente, su objetivo era quitar los palitos sobre los que se giraban los platos de los malabaristas, para que cayeran al suelo y no pudieran impresionar al público. En El veredicto es más prosaico y taimado, Haller asegura que en un juicio todos mienten y tan solo hay que esperar la mentira a la que aferrarte para utilizarla como una daga contra la acusación. “Ese es mi trabajo: forjar la daga. Afilarla. Usarla sin misericordia ni cargo de conciencia. Ser la verdad en un sitio donde todo el mundo miente”. El abogado defensor Mickey Haller fuerza a demostrar más allá de toda duda razonable que el acusado es culpable. Pero la cabra tira al monte y Connelly suele reajustar la historia para que no todos, de alguna manera, no se vayan de rositas.Sigue leyendo

El observatorio - Michael Connelly

El The New York Times anunció a mediados de los dos mil la incorporación de una sección llamada The Funny Pages para el suplemento dominical. El editor explicó que trataba de “atraer lectores en formatos que no habíamos tratado aún” con contenidos de cultura popular. Entre ellos estaba la novela de género por entregas firmadas por autores de éxito. Entre ellos se cuentan Elmore Leonard, Patricia Cornwell y Michael Connelly, quien publicó a lo largo de dieciséis semanas su decimotercera historia del detective Harry Bosch. El observatorio finalmente fue recopilado y adaptado para ser publicado como libro.

Es el caso que menos tiempo emplea Bosch en resolver, apenas doce horas. Y esa velocidad es patente en la narración: rápida, priorizando más la acción que la construcción de personajes. Francamente no sabía del formato original de la historia antes de leerla pero esa naturaleza explica el resultado. También esos cliffhangers que cierran los capítulos con la intención de obligar al lector a volver el domingo siguiente. Me parecen elementos que no juegan a favor del goce lector, que es mayor cuando la historia se cuece lentamente y vemos el dolor de encarar la maldad.Sigue leyendo

la rata en llamas

Abrir un libro de este autor es abrir la puerta a una legión de espabilados que quizá no contribuyan mucho a la sociedad, pero conversan que da gusto. George V. Higgins conoció a muchos como ellos mientras trabajó como abogado, ayudante del fiscal o periodista. Son personas a quienes ha escuchado hablar y explicarse. Dan vida a historias que permitieron a Higgins ser considerado como el Balzac de los bajos fondos de Boston. A España nos han llegado tres de ellas, la última es La rata en llamas.

La rata en llamas tiene un mayor equilibrio de personajes de la calle y de las instituciones que otras obras de Higgins. Aunque también hay puntos de encuentro, y uno de ellos es Jerry Fein. Este abogado de poca monta trata de recuperar el edificio cuyos inquilinos que no pagan el alquiler. Y su idea es prenderle fuego. Como contratista cuenta con Leo Proctor, un sospechoso habitual de los bajos fondos y experto en mantenimiento. Pero para ello necesitan colaboración policial de los inspectores de Incendios. Sin embargo, al mismo tiempo, a un ayudante del fiscal se le ha ocurrido que es hora de perseguir los incendios en Boston. La trama se amplía incluyendo personajes como el senador cuyo distrito contiene la construcción o a una familia de inquilinos.Sigue leyendo

Es una de las mejores historias de Harry Bosch. He escrito algo así ya varias veces, pero es que Michael Connelly alcanza su mejor forma con notable continuidad. En esta ocasión es con Echo Park, una novela que combina las mejores esencias del género negro. Hay ambiciones políticas, un caso complicado y un detective que se toma las cosas como algo personal porque es la única forma que respeta. Pero también vemos la marca inconfundible del autor: el tratamiento de los personajes. Da igual que hayan aparecido en anteriormente o veamos su nombre por primera vez. Todos ayudan a mostrar diferentes formas de afrontar la encrucijada.

En Echo Park, Bosch tiene la oportunidad de cerrar como investigador de Casos Abiertos un crimen que no pudo resolver trece años atrás como detective de Homicidios. El expediente de Marie Gesto fue uno de los que se llevó cuando dejó durante unos años el Departamento de Policía, y lo ha ido sacando regularmente desde que volvió. Pero continuamente llegaba a un callejón sin salida. No había ADN, ni huellas, ni indicios sobre el paradero. Su principal sospechoso, al que siempre volvía, incluso consiguió una orden de alejamiento. Y de repente, de la nada surge un detenido que trata de colaborar con la Fiscalía en varios casos. Incluyendo el que atormenta a Bosch.Sigue leyendo

El inocente Mick Haller

Michael Connelly cruzó la línea de la ley en 2005. Después de alumbrar tres series con protagonistas persiguiendo a los malos, el autor dio protagonismo a un personaje que trabajaba para el otro lado. El verso suelto es Mick Haller, hermanastro de Harry Bosch y abogado defensor. El protagonista de El inocente no es cómodo para el lector, te pone del lado de quien defiende a quien ha infringido la ley. Pero en cierto modo, también es un garante del Estado de Derecho, porque ayuda a controlar excesos policiales. Es un personaje interesantísimo.

El título original es bastante más sugerente que el español: The Lincoln Lawyer, el abogado del Lincoln. Haller maneja un buen número de casos, pero la clientela no es tan acaudalada ni fija para permitirse un despacho. Así, su imagen corporativa reposa su fuerza en un resplandeciente coche lujoso. En él se mueve hacia donde haya clientes, “no debes olvidar que no quieres clientes de las localidades baratas. Quieres los que se sientan en la línea de las cincuenta y ardas, los que tienen dinero en el bolsillo”. Sin hacer miramientos, “algunos clientes normalmente están acusados de ser traficantes de droga, pero su dinero es tan verde como el de los estafadores bursátiles de Beverly Hills”.Sigue leyendo

Harry Bosch Último recurso

Tres años sin placa fueron suficientes. Harry Bosch ha vuelto al Departamento de Policía de los Ángeles. El primer impulso llegó por necesidad, pero el paso definitivo obedece a la convicción y al gusto por volver a trabajar en compañía. Y aunque sería fácil volver a la situación previa a su salida, Michael Connelly plantea una situación nueva a la que el detective debe acostumbrarse. Bosch ha pasado de ser el primer investigador al último recurso de las familias para encontrar paz y justicia.Sigue leyendo