El asesino del acantilado, de Antonio Manzanera

Algunos libros te enganchan por el diseño de la portada, otros por el título y otros por la sinopsis. En este caso fue el planteamiento quien me rescató después de que el engañoso título casi me echara para atrás. Cuando leí El asesino del acantilado me imaginé otra carrera para detener a un serial killer, pero el resumen sugería una de mis corrientes negras favoritas. Unos tipos buscando unos millones perdidos para salir de pobres. Antonio Manzanera, a quien no tenía en el radar, me ha dejado un gran sabor de boca con este homenaje al género negro. Para mayor culto, la historia se desarrolla en California, territorio de leyendas como Marlowe, Archer o Bosch.

Precisamente el primer protagonista del relato es un detective privado, Cheney Moore. Este investigador recibe a un tipo que se presenta como taxista de presos excarcelados. Y Charlie Wilson le explica a Moore que su último pasajero apareció muerto, y que quiere buscar los millones del atraco que le llevó a la cárcel. Moore trata de desentenderse del “encargo más estúpido” que ha recibido, aunque termina cediendo. Aquí arranca una trama clásica de detectives que tocan puertas dudosas y abren otras inesperadas.
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Rocco Schiavone

El podcaster CJ Navas suele decir que hay programas a los que llegas por la temática y te quedas por los presentadores. Algo así me ha pasado con la primera novela policíaca de Antonio Manzini. El caso está bien, pero leeré la siguiente por Rocco Schiavone. El cabeza de cartel de esta serie es un romano hasta la médula desterrado a los Alpes, un tipo hosco y malhumorado, y un policía con un complejo equilibrio entre honradez y corrupción. Aún no tengo muy claro cómo me ha gustado tanto este Rocco, porque supone obviar algunos principios por los que admiro tanto a Bosch. Pero siempre habrá atención para quien no duda en meterse en la ciénaga para cazar cocodrilos, aunque el terror se le reaparezca cuando cierra los ojos.
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El vuelo del ángel

Uno de los vagones del Angel’s Flight de Los Ángeles (Foto: Omar | Flickr)

Una de las últimas series que más me han gustado es The People v. OJ Simpson. Narra cómo se convirtió un juicio por asesinato en un debate sobre racismo y labor policial. Para conseguir este efecto, los abogados de OJ se ayudaron de las tensiones raciales que pesaban sobre Los Ángeles y su Departamento de Policía. Uno de los capítulos más influyentes fue la paliza a Rodney King, propinada por unos agentes blancos más tarde exonerados por un jurado blanco. Como respuesta, los barrios negros ardieron en los conocidos disturbios del 92. Todos estos nombres y acontecimientos los absorbió Michael Connelly para sus novelas de Harry Bosch.

Bosch veía estas cuestiones “como un ciclo. Cada veinticinco años, más o menos, la ciudad acababa con su alma incendiada por el fuego de la realidad. Pero luego seguía adelante, deprisa, sin mirar atrás, como un conductor que se da a la fuga”. El detective también advertía que “se había creado una cultura policial en la cual todo el que no iba de azul era visto como escoria y tratado como tal. Así se acababa con los Rodney King. Se acababa con unos disturbios que los soldados de a pie no podían controlar”. En la perversión también participaban abogados que perseguían la culpabilidad de policías en casos por derechos civiles. Incluso con una indemnización simbólica de un dólar para las víctimas, los abogados cobrarían toda su minuta al ayuntamiento.Sigue leyendo

Plegarias en la noche

Dennis Lehane puso aquí punto y aparte a su relación con Kenzie y Gennaro. Aunque se reencontraría con ellos once años después, el autor explicó su decisión argumentando que “llega un momento en el que hay que marcar la frontera. The Wire llegó a la quinta y llegó bien, pero fue peor que la cuarta. Llega un punto en el que hay que forzar demasiado a los personajes. Eso me pasó con Angie y Patrick”. Siguiendo su paralelismo, Desapareció una noche también es mejor que Plegarias en la noche. Pero es que Gone, baby, gone es la mejor. En cualquier caso, el final llegó cuando entendió que era lo mejor para no quemar sus personajes.

Esta sentido de la continuidad puede suponer un obstáculo para nuevos lectores, aunque Lehane contextualiza continuamente. A cambio, ofrece un arco dramático de largo recorrido para lectores fieles. De esta forma, en Plegarias en la noche vemos las consecuencias del trágico final de Desapareció una noche. La nota más evidente es la marcha de Angie. Con este panorama, además de un nuevo caso, Lehane trata recomponer la relación entre los ex novios y ex compañeros.
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